¿Qué onda con el ultimátum del PC?

Cristóbal Bellolio

Escuela de Gobierno
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Difícil es la situación del Partido Comunista al interior de la coalición gobernante. Es evidente que la estrategia de “realismo sin renuncia” que anunció la Presidenta Bachelet implica un grado de renuncia a los objetivos y ritmos del programa que unificó a moros y cristianos (léase comunistas y democratacristianos) tras su candidatura. Por lo mismo, el PC no está contento y así lo ha señalado. Más aun, ha deslizado una sutil advertencia: si en el cónclave de hoy lunes el oficialismo no ratifica su compromiso con las transformaciones estructurales prometidas, el partido de Teillier, Vallejo y compañía evaluará su permanencia en la Nueva Mayoría. ¿Se trata de una amenaza creíble? Y si lo fuera ¿corre peligro el gobierno?

El PC no es muy grande pero ronca fuerte. Ha sido relativamente leal con Michelle Bachelet y ha sido premiado con importantes cargos en el aparato público. La primera pregunta –práctica y mundana- es si acaso la dirigencia comunista está dispuesta a dejar a tanto compañero sin pega en el nombre de la consecuencia programática. Salvar el honor cuesta caro.

También sería algo triste que su primera incursión gubernamental desde tiempos de Allende no alcanzara a durar ni 18 meses.

La segunda pregunta es cuanto perdería La Moneda sin el PC. Obviamente, a ningún gobierno le agrada achicar su base de apoyo. Pero quizás no le quede otra. Si el nuevo gabinete político estima que las prioridades han cambiado y la única manera de salvar la plata –no olvidemos que el gobierno exhibe cifras paupérrimas de aprobación- es dando un giro hacia la preocupación por el crecimiento económico y la seguridad ciudadana, no hay nada que el voluntarismo rojo pueda hacer. Darles en el gusto a los herederos de Gladys podría significar sacrificar a la DC: cuando las sábanas son cortas, para cubrirse el pecho hay que destaparse los pies. Y en este particular escenario de crisis, esa no parece la jugada más prudente. Después de tanto hinchar con sus “matices”, el partido más conservador de la Nueva Mayoría está como chancho en el barro con la retórica de la gradualidad y la reforma de la reforma.

Al resto de los socios no les gustó nada el ultimátum de los comunistas. No quieren aliados amurrados ni arrastrando el poncho, dijeron. La puerta es ancha para quienes quieren salir, insinuaron. A fin de cuentas, después de una partida de caballo inglés no han aportado mucho que digamos. Primero fue el condoro del embajador Contreras en Uruguay, luego vino el entuerto de las platas de la Arcis y ahora la guinda de la torta son los (supuestos) nuevos antecedentes que vinculan al PC con las FARC colombianas. Esto sin mencionar que han sido políticamente incapaces de cuadrar al combativo gremio de los profesores –que nominalmente dirigen- con los proyectos del gobierno. Echarle la culpa de todos sus infortunios al anticomunismo es un poco infantil a estas alturas.

 

Cristóbal Bellolio
Escuela de Gobierno
Publicado el Lunes, 03 Agosto 2015