¿Puede la DC abandonar el barco?

Cristóbal Bellolio

Escuela de Gobierno

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El viaje “clandestino”  - como lo bautizaron algunos- de la Presidenta a la Araucanía y la sonora queja del ministro Burgos volvieron a poner en la mesa una discusión recurrente: si acaso la DC no debiera romper con la Nueva Mayoría, dada su situación de incomodidad ideológica habitual y esporádicos ninguneos políticos. Lo volvió a plantear esta semana Gutenberg Martínez, uno de los líderes históricos del partido.

El principal problema, en cualquier caso, es que la DC no tiene adónde ir. Mientras Pinochet siga vivo en la memoria de sus dirigentes, no hay posibilidad de cruzar hacia la ribera derecha del río. Hace poco, Andrés Velasco les abrió la puerta de la naciente coalición de “centro liberal”. Pero aparte de compartir una difusa tendencia a la moderación, el ethos demócrata-cristiano está lejos de compartir el acento doctrinario que los liberales ponen en la autonomía individual como criterio central de la acción política.

¿Y por qué no iniciar una carrera de solista? A fin de cuentas, la DC ya probó la gloria de un gobierno en solitario con Eduardo Frei Montalva. Lamentablemente para la falange, los tiempos no son los mismos. En los sesenta, la DC era un partido joven, transformador y con enorme proyección. Hoy, su padrón se encorva generacionalmente y su rol se ha limitado a ofrecer matices a dirección de otros. Ideológicamente hablando, la DC es un partido del siglo XX.

Dicho de otra manera, la DC está un poco vieja para aventuras en solitario. Tiene mucho que perder y poco que ganar. Entre las cosas que tiene que perder están los miles de cargos que sus militantes ostentan en el aparato estatal. Puede sonar descarnadamente pragmático, pero en política no todos los argumentos son románticos. Participar en el ejercicio del poder siempre ha sido una razón poderosa y seductora.

El drama de la DC es que tiene que actualizar la visión que tiene de sí misma. Le pasa algo parecido a lo que experimentan esos jugadores de fútbol que cuando fueron jóvenes acostumbraban a explotar su habilidad y rapidez en el frente de ataque, pero después de una década inflando redes son retrasados en el campo por el entrenador. Es lógico: tienen la experiencia pero ya no el vértigo. Pasan de ser delanteros a volantes de contención. Brillan menos, pero si se niegan a ocupar esa posición no van a jugar en ninguna.

Cristóbal Bellolio
Escuela de Gobierno
Publicado el Domingo, 03 Enero 2016