Prohibición del rodeo

Daniel Hans Loewe

Señor Director:

Los señores Gebauer y Montero argumentan en sus cartas que no se debe prohibir el rodeo por ser parte de la identidad nacional. Pero esto es un error.

Montero presenta una analogía entre rodeo y tango: ya que ambos son parte de una identidad nacional, si es absurdo prohibir el segundo, lo es también prohibir ei primero. La analogía es falsa: a diferencia del tango, el rodeo implica imposición de sufrimiento. El impacto de los caballos (de 400 kilos) en el novillo (200 a 300 kilos) produce hematomas derrames internos y, en ocasiones, fracturas. Aunque el tango puede dañar a los bailarines, ellos —a diferencia de los novillos— son participantes voluntarios.

La excepción del rodeo en la ley sobre maltrato animal expresa inconsecuencia moral, la que no se supera mediante la categoría de identidad nacional. La identidad nacional no es estática, y no todo lo que contiene es aceptable. Que el rodeo sea aún parte de ella, no justifica su permisión.

Identidad y cultura son categorías explicativas, no normativas. Ni la sumisión de las mujeres en muchos países, ni la negativa a limitar las emisiones contaminantes son moralmente aceptables porque son parte de una cultura e identidad, como han argüido algunos de sus defensores.

Para estar contra el rodeo no es condición suficiente ser comunista, ni condición necesaria ser "animalista extremo" o "vegano", como sugieren Gebauer y Montero. Basta con reconocer que el sufrimiento animal tiene un valor superior a cero, que debe ser considerado en la reflexión normativa y sopesado contra las ventajas que nos ofrece la práctica que lo produce. Todo muy moderado.

Daniel Hans Loewe
Escuela de Gobierno
Publicado el Jueves, 25 Agosto 2016 en El Mercurio