Proceso constituyente

Max Colodro
Escuela de Periodismo
La Tercera


En una jugada audaz, la Presidenta Bachelet decidió finalmente sacudir el escenario e instalar en el centro de la actual tensión política un debate sobre nueva Constitución. Cuando el país esperaba un énfasis nítido en la agenda de probidad y transparencia, La Moneda optó por algo distinto: dejarla en un rol secundario, apostando a que la expectativa de una nueva carta magna desplace la atención hacia un eje menos cargado de cuestionamiento público.


La lógica es evidente: mantener la prioridad en las propuestas elaboradas por la ‘comisión Engel’ significaba seguir discutiendo sobre escándalos e irregularidades. Ahora, en cambio, el Ejecutivo buscará descomprimir el cuadro político poniendo a la opinión pública a debatir sobre un tema en el que no hay aún ninguna definición sustantiva y que está, por tanto, completamente abierto.


La Mandataria anunció el mínimo posible y se dejó de este modo las cartas guardadas bajo la manga. En síntesis, el próximo mes de septiembre se iniciará un proceso de consulta ciudadana a través de cabildos y otras instancias no precisadas. No hubo definiciones sobre el mecanismo que elaborará la Constitución, es decir, ni convocatoria o rechazo a una asamblea constituyente. Tampoco hubo plazos o contenidos claros sobre lo que deberá ser tratado en las distintas instancias, lo que permite dejar la pelota dando bote por un buen tiempo y en cualquier lugar al que lleven las fantasías o las especulaciones de la gente.


Sin duda que los riesgos de abrir el debate constitucional de esta manera son grandes para el Ejecutivo, pero Bachelet prefirió poner sobre la mesa un bocado sustantivo que, según todas las encuestas, tiene amplio respaldo público. Así, buscará aminorar los efectos de un flanco problemático en el que ella, su familia y buena parte de la clase política aparecen hoy contra las cuerdas. La agenda de probidad igualmente queda ubicada dentro del espectro, pero el nudo está puesto ahora en una demanda que le permite situarse en la posición que más le cómoda: del lado de la ciudadanía y al frente de la derecha.


Dos consideraciones inevitables quedan como el primer saldo de esta ‘movida’ presidencial. La primera: Bachelet tuvo la capacidad de descolocar al mundo político e imponer un cambio de agenda que puede ayudarle a mejorar su evaluación en el corto plazo. La segunda: la preocupación por las eventuales incertidumbres que genera un cambio constitucional en los agentes económicos y en otros actores, simplemente no es una variable relevante, como no lo ha sido desde el inicio del programa de reformas. En rigor, el ministro Peñailillo lo dijo hace unos días para que a nadie le quedaran dudas: ‘aquí, simplemente, no hay vuelta atrás’.

 
Max Colodro
Escuela de Periodismo
Publicado el Jueves, 30 Abril 2015