Presidencialismo liberal

Juan Luis Ossa

 

El año 2014 el historiador Eric Nelson remeció la academia cuando planteó que los "padres fundadores" de los Estados Unidos siguieron un derrotero mucho menos radical y más continuista con la tradición monárquica británica de lo que, en general, ha historiografía ha estado dispuesta a aceptar.

De acuerdo con Nelson, al menos hasta 1776 —cuando se produce el "giro republicano"— John Adams, Alexander Hamilton y, hasta cierto punto, Thomas Jefferson, defendieron la supremacía del rey —o del Ejecutivo— por sobre el Parlamento, considerando que el monarca debía retomar el poder que había perdido a manos de las revoluciones inglesas del siglo XVII.

Adams y sus compañeros, en otras palabras, no habrían liderado la revolución de las Trece Colonias en contra del rey, sino de un Parlamento corrupto y faccioso cuyo objetivo último era debilitar la relación de mutua dependencia construida por los reyes británicos con sus súbditos ultramarinos. Entre los intelectuales que inspiraron a los revolucionarios norteamericanos para dar sustento a su tesis pro­monárquica sobresalen Locke y Montesquieu. Para Locke, los reyes debían poseer algún grado de veto sobre el Parlamento, llegando incluso a decir que los poderes discrecionales del rey no eran "incompatibles con la libertad de los súbditos".

Montesquieu, en tanto, defendió la idea de que el Ejecutivo tenía derecho a ejercer algún grado de control sobre el Legislativo; de otra forma, este último podía devenir "despótico". Así, pues, Locke y Montesquieu —dos pensadores que en la actualidad encarnan lo que se denomina como "liberalismo clásico"— abogaron para que el Ejecutivo no quedara supeditado a los vaivenes del Parlamento. Una opinión que, según Nelson, sirvió para que la Constitución de 1787 implementara un régimen presidencialista que, con algunas reformas, sigue imperando en la actualidad en Estados Unidos.

Guardando las proporciones y diferencias, me parece que los argumentos de Nelson podrían ayudarnos a comprender lo que está ocurriendo en Chile ahora que han surgido voces pidiendo un cambio de régimen político con el fin de reforzar al Legislativo. Se cree que el Ejecutivo encarna la lucha de los liberales contra la tiranía. Pero, como queda claro en el caso norteamericano, los liberales también pueden —y deben— ser escépticos ante el Congreso.

Muchas veces, en efecto, el Ejecutivo está en mejores condiciones de defender nuestros derechos que el Parlamento, cuyos miembros no siempre legislan en nombre de las libertades individuales. El sistema presidencialista, claro está, puede derivar en ciertos abusos. Sin embargo, no es del todo obvio que un Ejecutivo debilitado vaya a garantizar ni una mejor gobernabilidad ni un trato más equitativo entre las autoridades y los ciudadanos. Quizás no esté de más que nuestros liberales vuelvan a leer a los "padres fundadores".

Escuela de Gobierno

La Segunda

Juan Luis Ossa
Escuela de Gobierno
Publicado el Miércoles, 27 Abril 2016