Premios para el Chile del futuro

Leonidas Montes

Escuela de Gobierno

La Tercera

El año 2016 partió con dos históricos reconocimientos. Ambos deben ser motivo de orgullo. Y también de reflexión. En enero, el arquitecto chileno Alejandro Aravena, antes de cumplir 50 años, ganó el The Pritzker Architecture Prize, un logro monumental que comparte con el legendario Oscar Niemeyer. Este premio es como si uno de nuestros destacados economistas se ganara el Premio Nobel. Sólo que Aravena lo hizo con la arquitectura. No vale la pena repasar todo lo que ha hecho, sino simplemente destacar la forma en que recibió el premio, esto es, sin aspavientos, orgulloso de lo que ha hecho y de ser chileno.

En febrero fue el turno del primer Oscar para Chile. Aunque la película de Pablo Larraín, No, ya había sido nominada para el Oscar el año 2013, fue el desconocido equipo de Punkrobot el que obtuvo la preciada y pesada estatuilla para el mejor cortometraje de animación. La ceremonia fue un momento emocionante para los galardonados y para un país que necesitaba una inyección de ánimo: cuando los sueños se persiguen con esfuerzo y perseverancia, hasta Hollywood. Compitiendo con gigantes internacionales para los que no existe restricción presupuestaria alguna, estos jóvenes, con un presupuesto magro, pero muchas ganas, trabajo y dedicación, le ganaron a Disney Pixar y a otros connotados poderosos del mundo audiovisual. Una historia de David contra Goliat.

Lo interesante es que estos premios son también una muestra o reflejo de lo que estamos viviendo en el país y una señal del Chile del siglo XXI. Ambos son un grito de aliento liberal para un futuro más optimista. Y también un reconocimiento a lo que ha progresado Chile en los últimos 30 años.

Así como la Historia de un oso es conmovedora, la historia detrás de este grupo, liderado por Gabriel Osorio, es digna de admiración. Es el resultado del trabajo en equipo de dos jóvenes parejas, los socios fundadores de la productora Punkrobot. Gabriel Osorio, de 32 años, es su director creativo. Su mujer, Antonia Herrera, es directora de animación. Pato Escala, su productor. Y su mujer, Mari Soto-Aguilar, es directora de arte.

Historia de un oso fue un trabajo conjunto realizado con muchas restricciones, apreturas y contratiempos. Y el Oscar no fue un golpe de azar, sino el resultado de cuatro años de duro trabajo. En esta obra de arte -un verdadero trabajo de relojería- cada segundo en pantalla equivale a más de dos días de trabajo. El cortometraje es tan admirable como sobrecogedor. Y debe ser motivo de ejemplo para los jóvenes.

Frente a los millonarios presupuestos de los otros contrincantes, se estima que Punkrobot contó con unos 40.000 dólares para el proyecto Historia de un oso. Aunque a este restringido y modesto presupuesto se suman miles de horas de trabajo, aquí se dio la magia de una combinación público y privada. Imagino que postularon a diversos concursos con apoyo del Estado. Ganaron algunos y perdieron otros. Pero perseveraron y juntaron cada pesito para seguir adelante con el proyecto. Fueron acogidos por la Universidad de las Américas (Udla), una universidad privada que pertenece al vilipendiado sistema privado y que depende, ni más ni menos, que del lucrativo conglomerado Laureate International Universities. Estos jóvenes no fueron acogidos por la Universidad de Chile, ni por nuestra tradicional Pontificia Universidad Católica de Chile. Tampoco fue una universidad del cartel Cruch o una privada cota mil la que los apoyó. Fue la Udla la que les proporcionó un espacio y apoyo con equipos. Fue una universidad privada la que, en definitiva, creyó en estos jóvenes y su proyecto. Vaya ironía para los tiempos que corren para la educación superior en Chile. Realmente es un tapaboca para todos aquellos que rasgan vestiduras con la hegemonía de una educación superior en manos del Estado. Y también es una lección: la libertad también promueve la creatividad.

Es de esperar que este simple hecho permita reflexionar sobre nuestros ideologizados y confusos proyectos de ley. Y en términos de políticas públicas, sin olvidar que ellos son los ganadores y no las autoridades o instituciones que intentan sacar provecho del Oscar para Punkrobot, este reconocimiento también debería ser una oportunidad para repensar nuestra burocracia cultural y los canales de apoyo con que cuentan jóvenes promesas.

Chile ha sido tradicionalmente un país conservador. Pero no me canso de argumentar que nos estamos convirtiendo en un país cada vez más liberal. Este liberalismo verdadero -me refiero a una tradición intelectual que alcanza su apogeo en el siglo XVIII y XIX- tiene mucho que ver con lo que ha sucedido en nuestro país en los últimos 30 años. El país ha crecido económicamente. Hace 30 años, nuestro PIB per cápita no alcanzaba al 20% del de los Estados Unidos. Hoy bordea el 40%. Ciertamente hemos sido muy exitosos en términos económicos. Pero Chile también ha progresado. Y aunque es evidente que el crecimiento económico es necesario y fundamental para el progreso, el progreso no sólo corresponde a los fríos números del PIB per cápita, inflación o productividad. El progreso encierra otros fenómenos sociales y culturales que van más allá de la dura economía.

Las virtudes liberales que han calado hondo en la sociedad chilena son evidencia de nuestro progreso. El futuro de Chile no está en el obsoleto y anacrónico socialismo sesentero ni en la efímera moda de la nueva vanguardia refundacional. Está en las virtudes del trabajo bien hecho, del esfuerzo y de la importancia del mérito. O sea, en los fundamentos de una sociedad abierta y liberal que los intelectuales de la Nueva Mayoría no supieron interpretar. La mejor prueba del nuevo Chile liberal está a la vista: tanto Aravena como Punkrobot encarnan y representan las virtudes de una sociedad liberal.

Aravena y Punkrobot viene a engrosar las filas de un futuro posible y diferente. Y a remecer a un Chile que está cambiando. Un Chile cada vez más liberal, diverso y con más oportunidades. Y también con más sorpresas. En fin, un Chile que, pese a todo, progresa.

 

Leonidas Montes
Escuela de Gobierno
Publicado el Domingo, 06 Marzo 2016