Mucho ánimo a la familia Bravo

Cristóbal Bellolio

Claudio Bravo y familia enfrentan los rigores de la isla británica. No es cosa sencilla pasar de Barcelona a Manchester. La primera es una ciudad bronceada por el sol, con su resto de calor latino y donde se habla -además de catalán- castellano en todas las esquinas.

Tiene la playa y la sensualidad de Gaudí. Manchester es una urbe dura, de pasado industrial construida de ladrillos rojos y cubierta por intratables cielos grises, donde el frío se siente en serio y la oscuridad reina desde media tarde. Todo esto, sin contar la barrera idiomática con el agravante que el dialecto popular "Mancunian", es aún más difícil de procesar que el inglés londinense. En ese sentido, el cambio implica un choque atmosférico y cultural de proporciones.

Pero no hay que exagerar el dramatismo. A todo el mundo le cuesta ambientarse en un lugar distinto al habitual. Estar en España -o en Italia- no es muy distinto a estar en Chile.

Son naciones fundamentalmente mediterráneas, que tienen enormes similitudes con nuestro pueblo. En Inglaterra el asunto es distinto. Pero no menos interesante. Manchester es la ciudad del renacimiento musical británico. Es la capital europea del fútbol. Es un vibrante centro intelectual. Es el Londres del norte. Bravo entiende que la carrera del futbolista es corta.

Por eso tiene que saber aprovechar las oportunidades que se le presentan. Nada contra España pero el Reino Unido está un peldaño cultural más arriba.

Aprender inglés es un cacho pero de aquellos que luego se agradecen. No hay nada peor que hacer la gran Marguitas y pedir pasajes de vuelta porque la lengua es compleja. Tampoco es chino mandarín.

El problema de las familias de los futbolistas, en cualquier caso, es que suelen quedar más o menos aisladas en los suburbios. Por ejemplo, Alexis no vive en Londres sino fuera de la ciudad, cerca del complejo de entrenamiento del Arsenal.

Ignoro si sabe lo que se pierde.

Por otro lado, vivir sin amigos es un suplicio en cualquier parte del mundo. Muchas veces son los propios clubes los que buscan satisfacer la necesidad de redes. Pero son redes artificiales: uno "cae" en un grupo social. Seguramente Claudio Bravo y Carla Pardo ya están conectados con los argentinos y españoles del plantel. Y no es raro que les resulte difícil construir amistades verdaderas con los ingleses. No todos fuimos benditos con la sociabilidad latina.

Mucho ánimo a la familia Bravo. Después del solsticio de invierno, cada día ganan un par de minutos más de sol. Por mientras, a abrigarse y a aprender inglés. No habrá mejor educación que aplanar con los ojos las bondades de la -subterráneamente fascinante- capital del norte inglés.

Cristóbal Bellolio
Escuela de Gobierno
Publicado el Viernes, 25 Noviembre 2016 en Las Últimas Noticias