Mejor morir de viejo que de sapo

Cristóbal Bellolio

Escuela de Gobierno

Las Últimas Noticias

El sempiterno diputado Guillermo Ceroni (PPD) fue sorprendido enviando mensajes de alto calibre erótico vía WhatsApp. Gracias a un medio de comunicación online, que publicó las fotos y se dio el trabajo de transcribir el dialogo, casi todo Chile se enteró del contenido de la conversación íntima que el congresista mantenía con amigos. Ceroni ha recibido dos tipos de crítica. La primera es, por supuesto, abandono de sus deberes laborales: los chilenos le pagamos un generoso salario para legislar y no para sacar la vuelta jugando a los mensajitos de texto. El segundo reproche viene cargado de moralina: algunas personas han emitido juicios condenatorios sobre su orientación sexual, su fidelidad e incluso sus prácticas amatorias.

Sin embargo, tengo la impresión –basada en mi escasamente representativa muestra en redes sociales- que el sentido común de la mayoría solidarizó con Ceroni y en cambio fustigó al medio que hizo las veces de sapo. Pegarle a un político sale gratis. Pero hay un límite. Violar la correspondencia privada de cualquier persona roza en lo delictual. El hecho que Ceroni haya estado sentado en el hemiciclo en plena sesión no parece justificación suficiente. Incluso en el ejercicio de sus tareas, los congresistas tienen derecho a un espacio razonable de vida privada. Dichas vidas estarán siempre más expuestas que las vidas del resto de los mortales. Los políticos lo saben y deben ser cuidadosos al respecto. Pero ello no implica que todo es cancha. El periodismo chileno, históricamente, ha entendido que jugar a escarbar en la dimensión familiar o sexual de los políticos rompe los códigos no escritos de la ética profesional. Este episodio rompe esa tradición de respeto. Especialmente porque cuesta imaginar cuál puede ser el interés público comprometido en la nota.

Estos casos también sirven para sacar a flote lo mejor de nuestra hipocresía. Sacar la vuelta es un deporte olímpico en Chile. Rasgar vestiduras porque un diputado se tomó un par de minutos para mantener la llama de una relación encendida revela un doble estándar abismante, sobre todo cuando la crítica se hace tuiteando desde el propio lugar de trabajo. Pontificar sobre la moral de Ceroni tampoco corresponde. Lo importante es que nuestros representantes sean probos y hagan la pega. Para ejemplos de virtud monástica hay que buscar en otra parte. Nos vendieron durante mucho tiempo que nuestra clase política era ejemplar en todas sus facetas. Ya sabemos que eso no es verdad.

Cristóbal Bellolio
Escuela de Gobierno
Publicado el Miércoles, 11 Noviembre 2015