Mejor mil que cuatro

Cristóbal Bellolio

Fue poca gente a votar a las primarias. No es una gran novedad. Era bastante predecible. Las primarias -especialmente municipales- no suelen ser fiestas apoteósicas de participación ciudadana. Están diseñadas para resolver un problema partidario o coalicional, pero no están necesariamente pensadas como expresión del caudal incontrarrestable de soberanía popular.

No es justo, por lo tanto, decretar que las primarias son un fracaso porque los índices de participación son magros.

En condiciones normales, son cuatro tipos sentados en una mesa los que deciden quién representará los colores de cada oferta política. Mejor mil que cuatro. Al menos se involucra parte del tejido militante en la decisión. Sigue siendo la fiesta de la democracia, aunque en una dimensión de miniatura.

Es cierto que este ejercicio -que parece poco universal- lo pagamos entre todos. Pero dado que sus resultados tienen incidencia probable en nuestras próximas autoridades, vale la pena. Tenemos, al menos la oportunidad de definir quiénes serán los candidatos con mayores opciones.

En elecciones con pocos votos, cada persona vale todavía más.

Evidentemente, más gente podría hacerse parte de este ejercicio democrático. Pero los tiempos no están para entusiasmos políticos. En un país con poca cultura de primarias, no hay que sorprenderse que una primaria municipal no sea un vendaval de participación.

¿Qué esperaban?

Cristóbal Bellolio
Escuela de Gobierno
Publicado el Lunes, 20 Junio 2016 en Las Últimas Noticias