Matar al padre

Juan Luis Ossa

Todas las generaciones aspiran a "matar al padre", a desprenderse de lo que consideran es un legado incómodo, presuntuoso e ilegítimo. Pasa en la literatura y en las artes visuales. Pasa también, por supuesto, en la política.

El Chile que vivimos es muy dado a estos parricidas: los que hoy son jóvenes despotrican contras sus mayores con estrategias más o menos llamativas dependiendo del medio que se utilice. Hace unos años era común reconocer a los "parricidas" entre las huestes de los jóvenes de la izquierda chilena, aleonados —a veces con razón, otras por pura moda— contra lo que creían eran las injusticias del modelo que sus padres — biológicos y políticos— habían construido durante los noventa. En la actualidad, me parece que las ganas de matar al padre se han instalado más fuertemente entre los jóvenes de derecha (con la excepción muy marcada de Giorgio Jackson y sus compañeros de RD), ansiosos por hacerse un espacio y por librarse de la herencia de la dictadura. Ser de derecha, dicen, no es necesariamente sinónimo de apoyar a la dictadura.

Hasta cierto punto tienen razón: muchos de los jóvenes de derecha ni siquiera habían nacido cuando ocurrió el golpe, y otros muchos recién comenzaban su vida escolar cuando el país regresó a la democracia. Me pregunto, sin embargo, si es realmente útil apelar a la juventud cuando se construye un ideario político. Los viejos de hoy fueron algún día jóvenes; la juventud pasa quizás tan rápido como la vejez; y los sueños de juventud generalmente son eso, sueños.

Pero hay también cuestiones más de fondo para dudar del argumento de la juventud. Los grandes proyectos políticos se construyen sobre los pilares existentes, por mucho que el legado de sus antecesores les incomode. No hay que refundar a la derecha; hay que reformarla con lo que hay y con lo que ha sido. Nadie puede saltarse un espacio concreto de la historia por el hecho de que el resultado no les satisfaga. Ser críticos de la dictadura hecho de que el resultado no les satisfaga. Ser críticos de la dictadura — como ciertamente hay que serlo— no quiere decir desconocer su existencia y hacer como si el origen de la mentada "nueva derecha" fuera prístino como el agua.

Por lo demás, la derecha chilena es mucho más antigua que la dictadura. Es decir, si tanto les incomoda Pinochet, ¿por qué los jóvenes de derecha no buscan en la historia pre 1970 algún ejemplo que les permita reconstruirse por dentro? De seguro encontrarán que la defensa de los derechos individuales y de la superación mediante el trabajo y el esfuerzo no fueron inventos de los Chicago Boys. Pero tampoco, claro está, de los jóvenes que hoy dicen tener la varita mágica de la renovación.

Juan Luis Ossa
Escuela de Gobierno
Publicado el Miércoles, 08 Junio 2016 en La Segunda