Los vicios de la reelección indefinida

Cristóbal Bellolio

Desde hace un largo tiempo se viene discutiendo en Chile la necesidad de poner límite a la reelección indefinida de nuestros representantes, puntualmente para el caso de congresistas y autoridades locales. Pensando en la tendencia del elenco político de la transición a eternizarse en sus cargos, la idea se cae de madura y casi todos los actores prometen que -ahora sí que sí- comienza la nueva normativa. El proyecto supera etapas legislativas a velocidad de tortuga invitando a sospechar si acaso no se trata de una dilación tan intencional como conveniente para los políticos. A fin de cuentas, nadie atenta contra su propia estabilidad laboral.

Este año tenemos elecciones municipales. Hay varios alcaldes que no piensan moverse de su escritorio a pesar de llevar varios períodos al mando de la misma comuna. Piense en Vitacura. Raúl Torrealba cumple dos décadas en el sillón edilicio. Pero va por cuatro años más. Siempre promete que será el último período. ¿Es buena idea que la misma persona ostente el mismo cargo de representación popular por tanto tiempo? Algunos dicen que no importa. Lo que debe importar, añaden, es que sea diligente. La democracia manda, rematan, y si los vecinos lo reeligen por algo será. Si lo quisieran cambiar, para eso están las elecciones. El problema de este argumento es que no se hace cargo de los vicios y potenciales peligros que acarrea la entronización de auténticos reyezuelos que transforman la comuna en su feudo político. No todos los alcaldes que llevan mucho tiempo son corruptos ni se han achanchado en su labor. Pero tanto la corrupción como el achanchamiento se facilitan cuando eres amo y señor de la municipalidad. Las democracias liberales, por lo mismo, contemplan mecanismos para evitar la concentración del poder, favorecer la competencia y proveer de saludables contrapesos.

Eso funciona a nivel nacional y la lógica es igual a nivel local. Tres períodos -doce años- parece en este caso suficiente para desarrollar un proyecto de gobierno comunal no personalista.

Tampoco es enteramente cierto que los vecinos de Vitacura -para seguir con el ejemplo- tengan muchas alternativas. Es la comuna más de derecha del país. La vieja Alianza podría echar a competir un gomero y éste ganaría.

Con los recursos disponibles, muchos podrían llevar a cabo una gestión tan buena como la que ha encabezado el "Tronco" Torrealba. Por lo anterior, se esperaría que sus partidos abrieran la competencia en una etapa previa. Para eso se legalizaron las primarias. Sin embargo, Torrealba se negó y en la derecha prefirieron ahorrarse el incómodo trámite. Salvo un desenlace sorpresivo, lo más probable es que el alcalde de Vitacura se termine anotando un cuarto de siglo en el mismo asiento.

Cristóbal Bellolio
Escuela de Gobierno
Publicado el Domingo, 17 Julio 2016 en Las Últimas Noticias