Las lágrimas de Camila

Cristóbal Bellolio

Las lágrimas que derramó Camila Vallejo durante la interpelación a la ministra Javiera Blanco fueron genuinas. La diputada floridana estaba visiblemente emocionada recordando las condiciones de precariedad y vulnerabilidad de los niños del Sename. Como madre, sugirió, estos temas le dolían el alma. No fue show ni puesta en escena. Vallejo fue sincera.

También parece sincera la preocupación que el diputado Giorgio Jackson ha mostrado por los problemas de la cartera de Justicia. A pesar de discrepar con la derecha, el legislador de Revolución Democrática se sumó a la interpelación. No sería descabellado que se sumara a la acusación constitucional en contra de Blanco.

Sin embargo, ni las lágrimas ni las declaraciones de buena voluntad son suficientes. Si bien es innegable que la crisis del Sename desnuda un problema estructural en la manera que el estado de Chile lidia con sus niños en abandono y marginalidad -y por tanto requiere reflexiones a largo plazo- también es cierto que -en el corto plazo- lo que se necesita son recursos.

Lamentablemente, los recursos son escasos. Gobernar implica priorizar el gasto. La contingencia impone ciertas urgencias políticas, evidentemente. Pero si realmente estamos preocupados de nuestros niños olvidados entonces debería existir un compromiso real de priorizar el gasto en mejorar las condiciones en las que opera el Sename.

Tanto Vallejo como Jackson han sido protagonistas de la demanda por gratuidad universitaria. Se trata sin duda de una demanda legítima. Pero corresponde preguntarse si acaso no palidece de frivolidad ante la realidad social de miles de niños cuyas necesidades son mucho más básicas. Por supuesto, se puede caminar y mascar chicle. Tampoco hay una incompatibilidad ideológica entre ambos anhelos. Pero Chile no es un país rico. Aunque resulte difícil, hay que decidir qué hacer con los escasos pesos del baúl fiscal. No sólo es una decisión estratégica, sino moral.

Sería realmente decidor si ambos diputados manifestaran, por ejemplo, que están dispuestos a priorizar el gasto en los niños del Sename antes que el presupuesto de gratuidad universitaria. En otras palabras, hay que poner la plata donde ponemos nuestras lágrimas.

Cristóbal Bellolio
Escuela de Gobierno
Publicado el Lunes, 08 Agosto 2016 en Las Últimas Noticias