La rebelión de la ciencia

Cristóbal Bellolio

Escuela de Gobierno

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La pequeña comunidad científica chilena está en pie de guerra. No es un actor social que acostumbre a movilizarse. Pero se les acabó la paciencia. No sólo es una cuestión de plata. Su motivación central es que la sociedad entienda la importancia de la ciencia en el desarrollo del país y, en consecuencia, se pliegue a la demanda por una política de estado acorde a esa relevancia.

Invertir en ciencia y tecnología en un país de ingresos medios puede sonar a lujo. Es como invertir en el teatro y la ópera. No son actividades masivas, por lo que no siempre resulta sencillo justificar un desembolso sustantivo de recursos en ellas. Tampoco tienen mucha capacidad de presión para exigirlo. Sin embargo, se trata de un área crucial en al menos dos sentidos.

El primero es eminentemente práctico. Los avances de la ciencia han modificado nuestro estilo de vida. No todos esos avances han sido bien utilizados, pero la mayoría ha significado progreso y bienestar material. Una sociedad que mantiene ejercitado el músculo de la investigación científica tendrá siempre a mano un abanico de oportunidades para resolver problemas que afectan directamente la calidad de vida de la gente. Cuando pensamos en esto, usualmente se nos viene a la mente el conocimiento médico. Pero no es lo único. Chile tiene una economía principalmente extractiva y le urge dar un salto en su oferta productiva. Ese salto pasa por incorporar decididamente a la comunidad científica y tecnológica en procesos estratégicos de largo plazo desde la perspectiva pública y privada.

Hay un segundo sentido menos tangible pero igualmente importante. Chile es un país de supersticiones, caldo de cultivo para charlatanes y vendehúmos. Aquí abundan los creacionistas y los muros de Facebook denunciando que las vacunas causan autismo. Nuestros matinales dedican largos segmentos al horóscopo y porciones significativas de la población creen en la homeopatía. La ciencia no es perfecta. Pero tiene un récord insuperable en su capacidad de revisar y refinar sus hallazgos. No tenemos un filtro epistemológico mejor si se trata de describir y explicar el mundo real tal como funciona. Es un campo complejo pero cuyas intuiciones básicas responden al indomable espíritu inquisitivo del ser humano.

 

Cristóbal Bellolio
Escuela de Gobierno
Publicado el Lunes, 16 Noviembre 2015