La incomprensión fiscal

Ignacio Briones

Decano Escuela de Gobierno
La Tercera

Ante el valioso llamado del ministro Rodrigo Valdés en pos de la responsabilidad fiscal, voces oficialistas molestas salieron al ruedo con “innovadoras” propuestas fiscales para no abdicar del programa de gobierno. ¿Por qué renunciar a gastar -decían- si el Fisco puede aumentar su bajísimo endeudamiento o recurrir a los fondos soberanos?
Cuando el Presidente Piñera impulsó la reforma tributaria de 2012, se escucharon argumentos análogos desde sectores de la entonces coalición gobernante. ¿Por qué subir impuestos –se planteaba- si el Fisco tenía ahorros, capacidad de endeudarse y el alto crecimiento económico engrosaba las arcas fiscales?

Estos episodios revelan que subsiste desconocimiento transversal de una parte de la clase política sobre los determinantes fundamentales de la regla fiscal. Erróneamente, algunos creen que lo único que importa es si el Fisco dispone o no de la caja para aumentar su gasto. A 14 años de la creación de la regla y a nueve de su formalización legal, esta ignorancia resulta grave y francamente insólita.

La regla fiscal, parece ser necesario volver a recordarlo, se ancla en una estimación de los ingresos fiscales estructurales (cíclicamente ajustados) que surgen de los valores de largo plazo del cobre y del crecimiento del PIB tendencial definidos por un panel de expertos independientes del gobierno de turno. A partir de ahí, se determina el nivel de gasto público corriente compatible con un saldo fiscal estructural pre anunciado por el gobierno. El que el gasto público quede definido por ingresos estructurales y no por ingresos corrientes deriva en una propiedad tan conocida como fundamental de la regla: el ser contracíclica.

Esta simple caracterización de la regla permite entender fácilmente que la restricción activa de gasto que enfrenta el Fisco está dada por sus ingresos estructurales y la meta fiscal estructural que se propuso honrar. En cambio, nada tiene que ver con si el Fisco puede o no disponer de un flujo de caja adicional a través de mayor endeudamiento o sacando dinero de los fondos soberanos.

Si bien el endeudamiento allega un flujo de caja, como es obvio, este malamente podría ser considerado como un ingreso estructural. En el caso de los fondos soberanos, los ahorros ahí contenidos son una variable de stock y no un flujo que pueda ser asimilado a un ingreso estructural. Es más, esos ahorros existen precisamente debido a la existencia de la regla y su dimensión contracíclica: en períodos de “vacas gordas”, con ingresos corrientes superiores a los estructurales, el Fisco ahorra.

De la misma forma, cuando el crecimiento económico es superior al crecimiento del PIB tendencial, la mayor recaudación no es sinónimo de que el Fisco pueda gastarla. No, a menos que quiera deshonrar su compromiso con la regla.

La regla fiscal chilena es un emblema de nuestra conducción económica. Una innovación admirada en el mundo que le ha dado predictibilidad y estabilidad al gasto público, permitiendo asegurar la continuidad de los principales programas sociales. Así, no deja de llamar la atención que en Chile siga siendo tan incomprendida y sus principios fundamentales tan ignorados por políticos profesionales de lado y lado. Se agradece, entonces, que el ministro Valdés esté empeñado en recordarlos con meridiana claridad.

Ignacio Briones
Escuela de Gobierno
Publicado el Viernes, 07 Agosto 2015