La igualdad democrática y la derecha chilena

Cristóbal Bellolio
Escuela de Gobierno
Revista Capital

¿Qué tan lejos están, políticamente hablando, Andrés Velasco y Felipe Kast? Un reciente encuentro académico entregó algunas pistas.

A comienzos de septiembre, la Escuela de Gobierno de la UAI y el Centro de Estudios Horizontal convocaron a un encuentro para analizar el trabajo del profesor Daniel Brieba en torno a la teoría de justicia de Elizabeth Anderson, que llevó por título “Igual Ciudadanía como Proyecto Político”. El ex ministro de Hacienda Andrés Velasco y el diputado por Santiago Felipe Kast fueron los invitados a comentar el artículo. Por supuesto, no se trataba de una invitación con fines puramente académicos. Horizontal, bajo la dirección de Hernán Larraín Matte, lleva un buen tiempo tratando de articular una propuesta ideológica de tinte liberal que la distinga de la derecha tradicional y la acerque al centro.

La elección de Elizabeth Anderson como punto de referencia no deja de llamar la atención. Anderson es una reputada filósofa moral y política que suele estar asociada a posiciones de izquierda. A grandes rasgos, su teoría de “igualdad democrática” es una derivación del proyecto liberal-igualitario que comenzó a dibujar John Rawls en los setenta. Se diferencia, por tanto, del liberalismo clásico –que básicamente busca proteger a los individuos de la interferencia estatal– en cuanto tiene por objeto el aseguramiento de condiciones sociales para el ejercicio de la libertad. Ello requiere que las personas se desenvuelvan en un marco de relaciones igualitarias. Sin embargo, también se diferencia de otras versiones igualitaristas que tienen por norte minimizar la influencia de las contingencias arbitrarias del destino sobre la distribución de recompensas sociales –lo que las hace fuertemente redistributivas–. Dicho de otra manera, Anderson se distancia de aquellos “igualitaristas de la fortuna”, pues su teoría de justicia pone el acento en la igualdad relacional y no tanto en la igualdad de recursos. Se trata, finalmente, de construir un acuerdo político cuyos integrantes no estén sometidos a relaciones pronunciadamente asimétricas que posibiliten la dominación, explotación o marginalización de unos sobre otros. ¿Podría ser ésta una formulación adecuada para el proyecto político de la derecha que Horizontal –y por ende Evópoli– tiene en mente?

La teoría de Anderson no aboga por igualdad de recursos, sino por asegurar el acceso de todos los ciudadanos a ciertos funcionamientos básicos, lo que podríamos traducir en prestaciones garantizadas en áreas como educación, salud, vivienda o previsión social. Hasta aquí, todo bien: la derecha que proyecta Felipe Kast está comprometida con la existencia de ciertos mínimos sociales. De hecho, es una pretensión compatible con el principio de subsidiariedad históricamente promovido por sus socios. A propósito de la discusión educacional, Anderson también es útil a la hora de justificar la inversión privada de los padres en educación. A diferencia del igualitarismo a-la-Atria, la teoría de igual ciudadanía permite la proliferación de alternativas de enseñanza de acuerdo al proyecto de “vida buena” de las familias, lo que entrega un argumento para rebelarse ante el límite de gasto fijado por el Estado. Parafraseando a Eyzaguirre, los patines vuelven a estar disponibles para quien pueda pagar por ellos.

Pero la sociedad chilena, agudamente segregada y notoriamente clasista, está lejos del ideal de igualdad relacional. La pregunta crucial –para Horizontal, Evópoli y todos aquellos que se sientan parte de esa “nueva derecha”– es si están dispuestos a tomar las medidas requeridas para subsanar ese defecto. Tal proyecto demanda, entre otras cosas, una elite diversificada en su origen social. Para producir ese resultado, hay que limitar los privilegios de la clase alta chilena y saludar la acción afirmativa como mecanismo corrector. ¿Le dirían al candidato Piñera que esta vez no puede convocar un “gabinete de gente linda” –como lo llamó Fernando Villegas? ¿Estarían dispuestos a romper huevos en aras de la igualdad salarial entre géneros? ¿Legislarían a favor de políticas urbanas que favorezcan la integración social, sabiendo que eso podría perforar los guetos donde la derecha se encuentra atrincherada? Además, Anderson insiste en que la democracia no sólo es un régimen electoral, sino una cultura. La horizontalidad en la igualdad de trato es constitutiva de esa cultura. ¿Cuán arraigada está esa noción en el mundo social de la derecha?

Andrés Velasco señaló que la tesis de Anderson se encontraba muy lejos de la derecha. En pocas palabras, les recomendó buscar otra referencia intelectual para construir su relato. En su opinión, el programa de igual ciudadanía calza mucho mejor con el proyecto de centro liberal en el cual él participa. Es posible. Sin embargo, no deja de ser loable que un movimiento a la derecha del mapa busque expandir sus horizontes ideológicos en un momento tan líquido como fértil. Está por verse si serán capaces de vivir a la altura de la promesa. •••
 
Cristóbal Bellolio
Escuela de Gobierno
Publicado el Jueves, 01 Octubre 2015