La Greda, una deuda regional, un gran desafío

Renato Cabrera
Facultad de Ingeniería y Ciencias
El Mercurio de Valparaíso


Hace unas semanas, a raíz de la crisis nuclear de Japón, se decide tácitamente en Chile postergar la discusión sobre la energía nuclear sin mediar análisis de la realidad energética y ambiental. Se reitera la clásica y plana discusión entre unos pocos, que hacen primar los intereses mediáticos particulares por sobre el bienestar futuro de la población.


El temor entonces, es que hagamos lo mismo con la crisis ambiental de la zona Puchuncaví-Quintero. Lamentablemente, esto es parte de nuestra historia y no es primera vez. Hace algunos años por ejemplo fue Valle Alegre con la contaminación que produjo en la población  un aumento por sobre el promedio, de síntomas agudos por afecciones pulmonares y digestivos.


Este es un problema nacional que requiere una mejoría hoy. No es posible que para lograr nuestro camino al desarrollo, tengamos que pasar por episodios tan nefastos como este que convierten a La Greda en nuestro propio Fukushima. Desde 1993 que la zona había sido declarada saturada por anhidro sulfuroso y por material particulado, sin embargo, nunca se propuesto soluciones robustas al problema.


A pesar de ello, es motivante escuchar al Ministro de Minería, Laurence Golborne,  señalar enfáticamente que las industrias no están por sobre las personas. Por lo mismo, uno espera que estas palabras tengan sentido y fuerza a la hora de tomar las decisiones estratégicas y políticas. Por ello, debemos esperar que el  Gobierno destine recursos para subsanar el daño moral y humano de la población de la Greda.


No es aceptable, que se obtengan beneficios públicos a costo de la salud de unos pocos. Hoy más que nunca es necesario que las empresas asuman los costos y los incluyan como parte de los resultados económicos. De lo contrario, estaremos perdiendo valor como país, que luego repercutirá en nuestro crecimiento. El llamado es a no utilizar esta situación como arena política partidista. Esta situación no merece una batalla de trincheras.


Busquemos soluciones de fondo, no basta con acuerdos de Producción Limpia o con comités de emergencia empresarial. Debemos ser atrevidos, innovadores, arriesgados. Exijamos normas tal como la de la OMS, 10 a 20 veces más exigente que la Chilena. O por qué no aumentemos el porcentaje de impuesto tal como se subió a causa del terremoto. O por lo menos exijamos compensaciones equilibradas y ajustadas a la realidad a aquellos que superen los niveles de contaminantes en la zona. Exigir planes de mitigación concretos con métricas objetivas. Innovar e incorporar tecnología apropiada para modernizar procesos. Explotar con sentido y responsabilidad.


Naturalmente, la respuesta tradicional de algunos es que esto significará perder competitividad en las empresas por aumento de costos. Pero, ¿cuánto perdemos en competitividad país, al mostrar al mundo que no estamos a la altura del anhelado camino al desarrollo?


Queremos ser parte de un grupo selecto de países. Nos comparamos habitualmente con los gobiernos de primera línea, pero cuando se trata de enfrentar temas como el social, el ambiental, y otros (todos donde tenemos evidentes falencias), damos vuela la espalda o esperamos que mueran en el olvido.


La recomendación a los directivos es que hagan con humildad un análisis de competencias para determinar las deficiencias que deberán ser abordadas en el mediano y largo plazo, como también, llamo a que colaborativamente se aborden los problemas con altura de miras y que se de paso a discusiones en las que se proyecte una estrecho y valioso vínculo entre empresa y entorno.


Tengamos y usemos la valentía que decimos sentir en ciertas ocasiones. Actuemos y enfrentemos el problema en forma creativa, esta es otra oportunidad que no debemos dejar pasar. Es tarea de todos entender el imperativo del futuro.



Publicado el Jueves, 14 Abril 2011