La filosofía y el valor de la educación

Daniel Hans Loewe

El Mineduc tiene la intención de eliminar la obligatoriedad de la filosofía de las mallas de tercero y cuarto medio. Pero esto corresponde a un entendimiento limitado del valor de la educación. La pregunta sobre el valor de la educación admite múltiples respuestas. Sin agotarlas, en los debates actuales se diferencian tres:

La primera asocia su valor exclusivamente con el éxito económico. Sin desmerecer su importancia, es evidente que este entendimiento del valor es reduccionista.

La segunda está muy en boga: “Educación para la ciudadanía”. La idea es que los estudiantes desarrollen las capacidades que posibiliten su funcionamiento como futuros ciudadanos. Esto incluye un cierto desarrollo de capacidades críticas (para evaluar y participar en la discusión pública), de empatía (esencial para el sentido comunitario), del sentido de igualdad (democracia, respeto por puntos de vista de los otros), etcétera.

La fuerza que ha tomado esta respuesta, se remite a que permite obviar dar una respuesta sustantiva a la pregunta sobre el valor de la educación. En efecto, no se pronuncia directamente sobre el valor de diferentes concepciones del bien y de la vida, sino solo sobre aquello que es razonable proponer que todos los ciudadanos compartamos: los valores políticos fundamentales. Muchos lo consideran una ventaja en sociedades caracterizadas por el pluralismo.

La tercera es “educación para la vida”. Desde esta perspectiva el sentido último (no exclusivo) de la educación es posibilitar una vida valiosa -una en que se puedan desplegar las capacidades propias de ciertas excelencias humanas, tales como el entendimiento del mundo (físico, estético, científico, moral, etcétera) y nuestra posible posición en él (generación de sentido)-. Como es conocido, es en el desarrollo de este valor donde la enseñanza y práctica de la filosofía mediante la reflexión y el juicio crítico despliega todo su poder. Si bien una vida no examinada no carece de valor, una vida examinada es más valiosa.

Según el Mineduc, la filosofía no desaparecerá, sino que será subsumida en “educación ciudadana”. Pero esto expresa un entendimiento reduccionista del valor de la educación -y de la filosofía-. El valor de la educación no se reduce al éxito económico, pero tampoco al atrio ciudadano. En cierto sentido, esta reducción expresa la impronta de este Gobierno: intentar transformar a los individuos maximizadores en ciudadanos. Pero ciudadanos sin capacidades para perseguir vidas valiosas son como castañas huecas, burócratas simplones de la democracia.

Para despertar el interés en desarrollar vidas interesantes de texturas polifónicas falta la filosofía. En vez de eliminar su enseñanza, el Mineduc debería considerar los exitosos programas en el mundo que la integran en la formación más temprana.

Daniel Hans Loewe
Escuela de Gobierno
Publicado el Jueves, 25 Agosto 2016 en Pulso