La caída de ME-O: una mala noticia para la Nueva Mayoría

Cristóbal Bellolio

Escuela de Gobierno

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La eventual caída en desgracia de Marco Enríquez-Ominami – según lo registrado en la última encuesta CEP- no es una buena noticia para la Nueva Mayoría. Aunque ME-O transita formalmente por fuera del oficialismo, la falta de liderazgos presidenciales competitivos de esa coalición (especialmente pensando en un enfrentamiento con el ex presidente Piñera) recomienda estar abierto a todas las alternativas.

La carta de ME-O funcionaba como un comodín: sin nadie de la casa era capaz de concitar las adhesiones necesarias, el ex diputado socialista aparecía con la primera opción. Y eso era justamente lo que estaba ocurriendo. Repitiendo el error de su mandato anterior, Bachelet está mostrándose incapaz de parir un delfín aprovechando la envidiable tribuna que entrega la gestión del Ejecutivo.

La historia se repite. En aquel entonces, la Concertación no pudo perfeccionar el arte del cambio dentro de la continuidad y terminó encomendando la misión al escasamente atractivo Eduardo Frei. Es probable que esta vez también tenga que volver a escarbar en el baúl de los recuerdos y concurrir en procesión a buscar al ex presidente Lagos. Para evitar ese escenario con olor a naftalina, era importante que ME-O siguiera parado y con buena salud. Si Isabel Allende no prendía, Eyzaguirre no crecía, Insulza no calentaba y la generación de Orrego, Tohá y Lagos Weber terminaba por confirmar su categoría de “perdida”, siempre estaba la posibilidad de rehabilitar al niño terrible del progresismo chileno. Con dos elecciones presidenciales en el cuerpo, menos rebeldía y más canas, habría sido un matrimonio por conveniencia perfectamente razonable.

Pero pasó lo que el entorno marquista tanto temía: que el candidato no tuviera la virtud piñerista de la impermeabilidad. A pesar de haber sido asociado una y otra vez con casos de financiamiento irregular de la política, la popularidad de ME-O no se veía sustancialmente afectada. Los costos que pagaba Andrés Velasco, por ejemplo, eran desconocidos para el líder del PRO. Aparentemente, eso cambió definitivamente. Y podría ser peor: el trabajo de campo de la CEP no alcanzó a cubrir su paseo a la fiscalía. Por supuesto, en política no hay que dar a nadie por muerto. ME-O querrá abreviar el calvario judicial para evitar un desangramiento largo. Pero cada vez que intente ponerse de pie, la corte de enemigos que ha cultivado con el tiempo se movilizará para enrostrarle sus yayitas. Han estado esperando con ansias este momento. Otros de la NM han sido más cautos a la hora de tirarle piedras: saben que la caída de ME-O no les conviene.

Cristóbal Bellolio
Escuela de Gobierno
Publicado el Lunes, 21 Diciembre 2015