La amnistía tributaria chilensis

Claudio Agostini

Escuela de Gobierno

Pulso

Una de las sorpresas de última hora que dejó la Reforma Tributaria de 2014 fue la incorporación de una amnistía tributaria de un año para los capitales de contribuyentes que evadieron impuestos, quienes pagarían una tasa única de 8% sobre el monto de recursos que declaran tener ilegalmente fuera del país y sin exigencia de repatriarlos.

Una buena razón posible para establecer una amnistía tributaria es permitir a los contribuyentes salir de un círculo de evasión tributaria y volver a la legalidad. Por esta razón, en los últimos años varios países han creado programas de amnistía (Bélgica en 2005, Holanda en 2013 y Australia en 2014). Sin embargo, hay una gran diferencia entre esas amnistías y la que se hizo en Chile: los contribuyentes declaran los capitales que tienen en el exterior, pero deben pagar todos los impuestos que deben y los capitales deben volver al país. A cambio, obtienen una rebaja en las multas por evasión tributaria y, lo más importante de todo, no son perseguidos criminalmente por la justicia, así que se evitan la cárcel. Eso es muy distinto a la amnistía chilensis, que simplemente permite declarar tener capitales en el exterior, sin siquiera tener que traerlos de vuelta al país y pagar solo una tasa preferencial muy menor a los impuestos que se deben.

A pesar del enorme beneficio que otorgaba, no era obvio que muchos contribuyentes se fueran a acoger. Una razón para ello es que quienes ya tienen establecida una estructura legal para transferir dineros sin pagar impuestos no tienen incentivos para pagar una tasa preferencial de impuestos si pueden pagar cero sin problemas, después de todo la evasión en muchos casos no ha sido detectada por el Servicio de Impuestos Internos en años. Otra posibilidad en la que varios creían -en especial para defender el buen uso del FUT- es que son unos pocos contribuyentes los que abusan del sistema y evaden, pero la mayoría de los capitales están efectivamente reinvertidos en las empresas y no han sido retirados por los dueños.

Ninguna de las dos razones parece haber sido correcta y, finalmente, se recibieron 7.832 declaraciones voluntarias de contribuyentes que tienen capitales en el exterior y que salieron evadiendo impuestos. Aún más impresionante que el número de contribuyentes, es el monto total de US$18.775 millones que suman esas declaraciones (no sabemos cuánto de ese monto aparece registrado contablemente en el FUT de alguna empresa en Chile). Esto permitió recaudar US$1.500 millones, bastante más que los US$91 millones que se esperaba recaudar según el informe financiero presentado por la Dirección de Presupuestos para la discusión de la Reforma Tributaria.

El resultado de la amnistía parece ser una buena noticia. De hecho, el senador Juan Pablo Letelier, uno de los grandes impulsores de esta iniciativa, declaró: “Dijimos que esto era bueno para Chile y se ha demostrado que fue así”. Sin duda, en un momento en que el crecimiento económico es menor, un aumento de la recaudación les viene bien a las finanzas públicas, pero tal vez ese es el único beneficio de esta amnistía. La evidencia es que los efectos de largo plazo son una menor recaudación tributaria y menor cumplimiento. Las razones para ello son varias. Primero, los contribuyentes honestos ven el perdonazo como algo injusto y reducen su cumplimiento voluntario en el pago de impuestos. Para un contribuyente honesto, una amnistía es un premio a los tramposos y desincentiva seguir siendo honesto, aún más si es un premio para evasores que tienen ingresos mucho mayores. Segundo, el solo hecho de que exista una amnistía y que además produzca una recaudación tan grande es señal de que se puede evadir sin ser detectado, incluso en montos significativos, algo que muchos pueden no haber sabido antes y no evadían pensando en que lo más probable era que los pillaran. Tercero, se crean expectativas de una nueva amnistía en el futuro, por lo cual conviene evadir ahora para recibir un perdonazo y pagar menos impuestos más adelante. De hecho, el mismo senador Letelier propuso extender el plazo de la actual amnistía.

La amnistía chilensis fue una mala idea y sus resultados no son necesariamente una buena noticia. No solo por sus potenciales efectos negativos en el largo plazo, sino porque el éxito en la recaudación y el número de contribuyentes que se acogió tienen una sola explicación: el temor a ser pillado y tener que pagar una tasa de hasta 40% en vez de 8% más multas. ¿De dónde sale ese temor si por años han evadido sin que los pillen? Del aumento significativo en la información a la que tendrá acceso el SII. Hay 79 países, incluido Chile desde octubre de 2013, que han firmado el Multilateral Convention on Mutual Administrative Assistance in Tax Matters, que incluye intercambio automático de información entre países con el objetivo de combatir la elusión y la evasión. Además, en forma creciente los países han llegado a acuerdos con instituciones financieras para que entreguen información sobre las cuentas de sus ciudadanos en el exterior. Todo esto aumenta la probabilidad de detectar y sancionar a evasores de impuestos.

¿Por qué entonces se hace una amnistía justo cuando se tienen más y mejores herramientas para finalmente detectar y poder sancionar la evasión tributaria de capitales sacados ilegalmente fuera de Chile? Esa es la pregunta que quedó sin respuesta en la Reforma Tributaria que aprobó esta amnistía, la cual además probablemente benefició principalmente a contribuyentes que están en el 1% de más altos ingresos del país.

 

Claudio Agostini
Escuela de Gobierno
Publicado el Jueves, 24 Marzo 2016