Jugar con el corazón

Felipe Landaeta
Escuela de Psicología
Revista Somos


Vivir una vida plena de sentido es algo que muchos de nosotros soñamos. Queremos sentirnos llenos, enfocados, en armonía nosotros mismos o con una especie de plan que guíe nuestra vida. Añoramos que nuestra acción cotidiana, que nuestras relaciones personales, nuestro trabajo y nuestra vida en general tenga un sabor especial.
 
 
Si te identificas con algo de lo anterior entonces estamos en sintonía y puede que algo de lo que en esta columna se diga te haga sentido.
 
 
En alguna parte de nuestro interior queremos vivir la vida con pasión, con intensidad, con el corazón abierto, para dejar que la vida nos toque y resonemos con ella. Como las cuerdas de una guitarra al ser tocadas por un músico experto, ¿cómo se sentirá esa guitarra al ser tocada por un guitarrista de primer nivel?
 
 
Es así como queremos vivir la vida, queremos que la vida nos toque de una manera especial, que nos escoja. ¿Y qué pasa si decidimos nosotros tomar la vida como nuestro instrumento y decidirnos interpretar de la mejor manera posible y hacernos expertos en eso?
 
 
Para esto sería interesante preguntarnos ¿Qué es lo que me mueve? ¿Qué es lo que me apasiona?
 
 
He preguntado esto a muchas personas en distintos contextos y más de una vez me han mirado con cara de incredulidad. Cuando esto me ha pasado y no hay respuesta alguna he preguntado ¿Qué te molesta profundamente, te afecta directamente y te gustaría que fuese distinto?
 
 
Allí pueden surgir diversas respuestas, desde quejas victimizadas hasta sentidos profundos. ¿Te mueve hacer algo para cambiar esa situación? y ¿Qué estás dispuesto a hacer para lograr eso? son buenas preguntas para ayudar a la persona a moverse hacia una actitud activa.
 
 
La respuesta a ¿qué nos apasiona? nos puede setear la existencia y la propia vida en torno a intenciones de logro en torno a lo que queremos obtener. El descubrimiento del sentido profundo o la definición de éste nos puede servir como guía para el desarrollo de valores fuertes como la voluntad, disciplina y rigor para obtener lo que queremos. En frente a un desafío que mueve nuestro espíritu y sentido vital las excusas victimizadas y ciertos enemigos internos como el miedo, la pereza y la indisciplina pueden ser derrotados por los valores mencionados.
 
 
Vivir la vida apasionados nos dirige, orienta y fortalece nuestro sentido de propósito en la vida.
 
 
Luego podemos cuestionarnos sobre qué es lo que hacemos bien y descubrir nuestras fortalezas. Aprender a valorar nuestras fortalezas es apreciar quienes somos y abrazar nuestra identidad profunda. Nuestra mayor fortaleza puede ser el tener una mirada ingenua o abierta frente al mundo, el enfrentar las situaciones con valentía, el saber escuchar, la lectura de contextos, la apreciación de la belleza, el uso del humor, el hacer preguntas que abren posibilidades, el transformar una idea ambigua y hacerla entendible para otros, el afrontar la vida con vulnerabilidad, etc.
 
 A veces en una sociedad principalmente machista y superficial donde se privilegia la capacidad de decisión y acción, la falta de preguntas y dudas, la imagen de ser alguien valiente, el no mostrar “debilidad” y otros, se nos olvida que la dimensión humana luminosa y las fortalezas van mucho más allá de lo que podemos notar.
 
 
Hacer el camino de descubrimiento interior, de reconocer el sentido de la propia vida y la unión de esto con los talentos personales representa el viaje que todos podemos decidir realizar. Así como el héroe recibe la invitación o llamado a recorrer el camino, son innumerables las oportunidades que la vida nos presenta a diario para avanzar en esto.
 
 
Si juntamos pasión y fortalezas podemos desarrollar una fortaleza interior inmensa, potenciaremos nuestro sentido de quienes somos y posiblemente no necesitemos defendernos de nada ni aparentar nada, pues tendremos la convicción de saber quienes somos, para dónde vamos y con qué herramientas contamos para recorrer el camino. El camino posiblemente nos llevará a un destino impensado, pero seguro será una aventura.
Felipe Landaeta
Escuela de Psicología
Publicado el Sábado, 05 Abril 2014