Ingreso ético, bonos e impuesto negativo

Claudio Agostini

 

Hace algunas semanas, el obispo Alejandro Goic propuso un sueldo mínimo ético de $400.000, de tal forma que permita cubrir las necesidades más básicas de los chilenos. Lograr ese objetivo es algo que me imagino todos compartimos y las preguntas son si es posible lograrlo en el corto plazo y cómo (el largo plazo es un tema complementario y requiere discutir políticas que aumenten la capacidad de generación de ingresos autónomos en el hogar).

Si la propuesta del obispo Goic se implementara a través de subir el salario mínimo legal, habría que aumentarlo en 60% e inevitablemente eso llevaría a un mayor desempleo y probablemente a serios problemas de sobrevivencia a muchas empresas pequeñas.

Una alternativa distinta, la cual ha seguido Chile crecientemente, es entregar subsidios monetarios que aumentan los ingresos del hogar. Estos subsidios son simplemente bonos que aumentan los ingresos y alivian temporalmente, pero no tienen ningún efecto positivo de más largo plazo, ya que desincentivan el trabajo y fomentan la dependencia del Estado. Una alternativa un poco mejor son los subsidios condicionados, que consisten en la entrega de bonos pero con la condición de que los niños en la familia asistan a la escuela y además se hagan controles preventivos de salud. Estos subsidios reducen la pobreza en el corto plazo y son efectivos en aumentar la matrícula escolar y la asistencia de niños a recintos de salud, pero tienen los mismos efectos negativos de largo plazo: desincentivan el empleo y fomentan la dependencia del sistema de bienestar social, al no considerar mecanismos de creación de empleo permanente.

Una alternativa mucho mejor y distinta, es la que han adoptado hace años y con éxito muchos países desarrollados que usan programas que al mismo tiempo incentivan el empleo y alivian la pobreza. Para ello, se utiliza el sistema tributario y los beneficios sociales se entregan en forma de crédito en la devolución anual de impuestos (que puede mensualizarse para estos efectos). Es así como en Estados Unidos existe desde 1975 un crédito tributario reembolsable focalizado en familias de bajos o moderados ingresos llamado Earned Income Tax Credit (EITC). El crédito tributario es condicional a trabajar, y si el monto es mayor a lo que se debe pagar en impuestos, se recibe una transferencia monetaria. Para las familias de bajos ingresos esto es equivalente a un impuesto negativo, ya que no pagan impuestos y reciben un cheque de “devolución de impuestos” que aumenta sus ingresos.

El uso de un crédito tributario al ingreso es una forma de reducir significativamente el conflicto entre corto y largo plazo que producen los programas de transferencias condicionadas y tiene claras ventajas. Reduce la pobreza al mismo tiempo que incentiva el trabajo entre los más pobres, disminuyendo el estigma y la dependencia de participar en programas sociales. Adicionalmente, tiene menores costos administrativos, ya que usa la administración tributaria existente, la cual además tiene mucha más información de todos los ingresos de las personas, lo que permite una mejor focalización.

Por último, un programa como el EITC es eficiente porque si se quiere utilizar el sistema tributario como uno de los mecanismos de redistribución de ingresos, el impuesto al ingreso óptimo incluye no solo progresividad para quienes pagan impuestos, sino que también un impuesto negativo.

La evidencia para EEUU, Canadá, Inglaterra, Nueva Zelanda, Alemania y Australia es que programas como el EITC, por un lado, reducen fuertemente la pobreza y el número de beneficiarios dependientes de programas sociales y, por otro lado, aumentan la participación laboral femenina y la formalidad en el empleo.

Para estudiar los efectos de implementar un EITC en Chile, junto con Marcela Perticará y Javiera Selman realizamos una simulación focalizando los beneficios en mujeres solteras de los primeros seis deciles de ingreso, en su mayoría jefas de hogar. Los resultados muestran que el EITC beneficiaría a 500 mil familias, aumentado su ingreso per cápita familiar entre $65.000 y $80.000 mensuales, de las cuales un tercio son lideradas por mujeres que se insertarían en el mercado del trabajo producto de los incentivos que genera el programa. El EITC además reduciría la pobreza global en dos puntos porcentuales, la pobreza en las familias donde madres solteras son jefas de hogar caería en diez puntos porcentuales y disminuiría la desigualdad significativamente. El costo total del programa sería de US$245 millones y la pregunta obvia es cómo financiarlo.

Una política como el EITC tiene mejores incentivos y resultados que los programas de subsidios condicionales y bonos incondicionales existentes en Chile, razón por la cual eliminar muchos de esos bonos es una primera vía de financiamiento razonable. Por otro lado, el impuesto al ingreso, aun después de la reforma, tiene múltiples exenciones y créditos que solo generan distorsiones, por lo que eliminarlos solo trae beneficios y aumenta la recaudación.

Estoy convencido que eliminar muchos de los bonos y exenciones tributarias existentes en Chile e incorporar un impuesto negativo como el EITC, sería una combinación de políticas públicas potente para reducir la pobreza y la desigualdad en forma efectiva y reduciendo en el largo plazo la dependencia del sistema de bienestar social. 

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Claudio Agostini
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Publicado el Miércoles, 18 Mayo 2016