Impuestos y depreciación instantánea

Claudio Agostini

En la conferencia de la National Tax Association la semana pasada, el profesor de la Universidad de California Berkeley y destacado economista del área de finanzas públicas, Alan Auerbach, propuso una reforma al impuesto a las utilidades de las empresas en Estados Unidos.

Una primera medida es tener 100% de integración con el impuesto a los ingresos de las personas, algo que el sistema tributario en EEUU no tiene y que Chile sí tenía hasta antes de la última Reforma Tributaria. Una segunda medida es la de incorporar depreciación instantánea de los activos fijos para efectos tributarios. Esto es algo que ni Chile ni EEUU tienen en su sistema tributario, a pesar de que tanto la teoría económica como la evidencia empírica muestran que es una buena política tributaria.

La depreciación instantánea implica que, para efectos tributarios, cuando una empresa compra una máquina, el 100% de su valor se descuenta como gasto en el momento de la compra y no a lo largo de varios años.

¿Cuál es el origen de una propuesta así y qué sentido económico tiene? La respuesta a estas preguntas se encuentra en el modelo de inversión neoclásico de los economistas Robert Hall y Dale Jorgenson, que establece que una empresa va a invertir hasta el punto en el cual el retorno del último peso de capital invertido es igual al del costo de uso de ese capital.

La evidencia empírica respalda el uso del modelo de inversión neoclásico y muestra, en general, una correlación positiva entre el stock de capital y su costo de uso, con magnitudes en torno a 0.6. En otras palabras, una reducción de 10% en el costo de uso del capital aumenta el stock de capital en 6% en el largo plazo, asumiendo que no hay cambios en la tasa de interés producto del aumento en la inversión, lo cual en general es cierto.

Dada la validez empírica de este modelo para explicar una parte importante de las decisiones de inversión, la pregunta siguiente es qué rol juegan los impuestos y la depreciación permitida para efectos tributarios. La respuesta es que, en este modelo de inversión, la tasa de impuesto a las utilidades de las empresas, nuestro impuesto de Primera Categoría, afecta el costo de uso del capital de dos formas. Por un lado, un aumento en la tasa de impuestos aumenta el costo de uso, ya que se requiere un aumento en el retorno marginal del capital antes de impuestos necesario para que un inversionista obtenga la mínima tasa de retorno necesaria para invertir. Por otro lado, una tasa de impuesto a las utilidades más alta aumenta el valor de la deducción tributaria de la depreciación, lo cual reduce el costo de uso del capital.

Si se permite depreciación instantánea los dos efectos son iguales en magnitud y un aumento en la tasa de impuestos no afecta el costo de capital. Como en la práctica los países tienen esquemas con depreciación tributaria menor a la depreciación instantánea, aumentos en la tasa de impuestos aumentan el costo de uso del capital y desincentivan la inversión. Introducir una política de depreciación instantánea elimina esta distorsión y restablece los incentivos a invertir. La evidencia empírica de países que han implementado depreciación instantánea, aunque sea temporalmente, es que han tenido aumentos en la tasa de inversión.

Sin duda que las decisiones de inversión son mucho más complejas e incorporan otros elementos, como el riesgo y la certidumbre en las reglas del juego. Sin embargo, eso no cambia las conclusiones. Por el contrario, hasta lleva a que sea posible un aumento mayor en la tasa de impuesto a las utilidades sin desincentivar la inversión. El trabajo pionero del profesor Roger Gordon, otro destacado economista del área de finanzas públicas, muestra que cuando se incorpora incertidumbre explícitamente al modelar los efectos de los impuestos, un impuesto al ingreso del capital puede dejar los incentivos a invertir y los incentivos al ahorro de las personas intactos, a pesar de generar una recaudación tributaria importante en magnitud. La razón es que si bien los inversionistas reciben una tasa de retorno esperada menor debido a los impuestos, también soportan menos riesgo al invertir y estos efectos se cancelan mutuamente. Incluso el impuesto puede generar ganancias de eficiencia al producir una reasignación del riesgo entre individuos y entre generaciones.

Incorporar depreciación instantánea en la política tributaria en Chile iría en la dirección correcta y sigo convencido de que es algo que hay que hacer. La crítica respecto a que esto incentiva capital físico y castiga la inversión en capital humano es equivocada.

Actualmente, la inversión en capital físico está tributariamente en desventaja respecto a la inversión en capital humano. Cuando una empresa invierte en capacitar a sus trabajadores, ese gasto se reconoce completamente en forma inmediata, precisamente lo que hoy no ocurre con el capital físico, y la depreciación instantánea igualaría tributariamente las cosas.

En general, hacer política tributaria en base a teoría económica respaldada por evidencia es una buena idea y en el caso de la depreciación instantánea ese es precisamente el caso.

Claudio Agostini
Escuela de Gobierno
Publicado el Viernes, 18 Noviembre 2016 en Pulso