Ignorancia Soberana

Ignacio Briones

De cuando en cuando en Chile reflotan las propuestas de recurrir a nuestros fondos soberanos para incrementar el gasto público. 2016 no ha sido la excepción. Así, cuando el ministro Valdés dice que no hay plata, se escucha un canto de sirenas tan simplista como atractivo: “¿Cómo que no hay plata si existen US$ 24.000 millones en fondos soberanos?”.

Este es el argumento utilizado por el PC en días recientes pidiendo usar los fondos soberanos para incrementar el presupuesto 2017. Lo propio hizo Revolución Democrática, cuando se le puso una lápida a la gratuidad universal en educación superior. Y la misma crítica aplica, por cierto, a quienes apelan a otra varita mágica equivalente: hacer caja emitiendo deuda.

El problema de estas posturas es que desconocen los elementos básicos de nuestra institucionalidad presupuestaria anclada en una regla fiscal. Suponen que lo único relevante para poder aumentar el gasto es si el Fisco dispone o no de caja. Esta ignorancia es sorprendente, tratándose de políticos profesionales que debieran dominar los elementos básicos de una regla que lleva 15 años de aplicación y 10 de formalización legal.

¿Cuáles son los elementos centrales de la regla? El principio básico es que el gasto corriente no queda definido por los ingresos corrientes del Fisco sino por sus ingresos estructurales o cíclicamente ajustados. Esto es, ingresos de largo plazo que surgen de una estimación efectuada por expertos independientes respecto a sus determinantes fundamentales: crecimiento del PIB tendencial y del precio del cobre de largo plazo. Así, la restricción activa de gasto del Fisco queda dada por sus ingresos estructurales y no por la caja de la que disponga.

Lo anterior deriva en una propiedad fundamental de la regla: que es contracíclica. En períodos de “vacas gordas”, con ingresos corrientes por sobre lo normal, el Fisco genera un superávit fiscal corriente y ahorra. ¿Dónde? En los fondos soberanos. A la inversa, en períodos de “vacas flacas”, como el Fisco gasta acorde a ingresos estructurales mayores que sus ingresos corrientes, genera un natural y previsible déficit fiscal corriente. ¿De dónde salen los recursos para ese exceso de gasto? De los fondos soberanos o bien de la emisión de deuda, pero sólo en montos compatibles con la regla fiscal. Ir más allá implicaría romperla.

Y es que, como es obvio, los ahorros contenidos en los fondos soberanos son una variable de stock y no un flujo que pueda ser asimilado a un ingreso estructural. De la misma forma, si bien la emisión de deuda le permitiría al Fisco disponer de más caja, esta deuda malamente podría ser considerada como un ingreso estructural.

Hay que ser muy claros. Quienes plantean soluciones mágicas para expandir el gasto público apelando a los ahorros del Fisco, o a su capacidad de endeudamiento, lo que irresponsablemente proponen es romper la regla fiscal. Una regla admirada internacionalmente y que es un activo clave de nuestra institucionalidad. Una regla que, además, nos obliga a algo fundamental: priorizar el gasto público y a buscar siempre financiamiento permanente para gastos permanentes.

Por lo anterior, no cabe sino saludar los esfuerzos del ministro de Hacienda por hacer oídos sordos a los cantos de sirena que hoy, al parecer más que nunca, buscan encantar.

Ignacio Briones
Escuela de Gobierno
Publicado el Sábado, 03 Septiembre 2016 en La Tercera