Historia, política y memoria

Andrés Estefane
Escuela de Gobierno
El Dínamo

¿Qué papel cumple la memoria en épocas de crisis? ¿Asume otra función política más allá de la explícita, esto es, mantener vivo el recuerdo de episodios que no debemos olvidar? En su reciente libro dedicado a la Guerra del Pacífico, la historiadora Carmen Mc Evoy explica cómo la memoria privada de los soldados chilenos que combatieron en ese conflicto contribuyó a la emergencia de una verdadera “industria del recuerdo” durante la década de 1920.
 

En medio de la profunda crisis social que amenazaba con minar los cimientos del discurso nacional y el orden oligárquico, los testimonios de los veteranos comenzaron a transarse como oportunos antídotos frente a la fragmentación generalizada. Restituyendo el “amor a la patria”, sus relatos apostaban a conjurar el inminente naufragio de la comunidad política.

 
Las resonancias contemporáneas de esa imagen son evidentes. En medio de la profunda crisis de legitimidad del modelo instaurado por la dictadura y afinado durante la transición, la memoria ha vuelto a operar como un insumo de alto rendimiento político. Pero esta memoria no busca reeditar los fines terapéuticos que cumplió en la década de 1920 en Chile ni abrazar el guión al que se ajustó en la década de 1980 en Francia, cuando el progresivo desmantelamiento de las políticas de bienestar –el fin de los “treinta gloriosos años”– comenzaba a diluir las certezas de la población gala.

 
Definida en oposición a las fantasías concertacionistas de reconciliación, la memoria en el Chile de hoy ha ido produciendo relatos alternativos (no necesariamente restringidos a la experiencia de la dictadura) que desestabilizan los supuestos de toda historia oficial y rivalizan con las pretensiones hegemónicas de cierto discurso académico.

 
Si bien este rescate de la memoria tiene seguidores de peso entre los historiadores profesionales, es en el ámbito extra-académico donde gravita con mayor efectividad. ¿Qué factores explicarían el éxito de los relatos alternativos generados en los ámbitos de las artes, la literatura y la crónica testimonial, por nombrar algunos ejemplos? Parte de ese efecto tiene que ver con la densidad de su compromiso político y con la radicalidad con que habita los espacios públicos.

 
Pues cuando esta memoria se pone en marcha, más que encrucijadas y futuros desiertos, sale en busca de proyectos y complicidades agonizantes donde todavía se puedan desactivar derrotas. Y es que sus preguntas y su relación con el pasado apuntan a la detección de genealogías que sirvan de insumo para nutrir un nuevo poder; por ello su apuesta es visualizar una historia otra, una historia cargada de itinerarios cuya resonancia moral permita poner en crisis la crisis que alimenta la perplejidad presente.

 
El control sobre el curso histórico es una de las premisas de este ejercicio. Cuando la cronología estalla y la sucesión se suspende, recién ahí la lógica del rescate reordena la discusión. Entonces surgen nombres, episodios, paisajes que ya no existen; se recuperan tejidos sociales que pocos se han dado el trabajo de preservar; se activan viejas y nuevas comunidades de sentido; reaparecen conceptos en desuso.

 
Lejos de la condena fácil que desacredita el trabajo de la memoria a partir de la ausencia de crítica, lo que corresponde es entender cómo operan los factores que confieren consistencia política a este fenómeno en espacios extra-académicos. Pues en esos territorios poco importan las limitaciones prácticas o legales que quieran imponerse al trabajo de reconstrucción histórica; en esas esferas raramente resuena el miedo frente a los ataques a la libertad.

 
A pesar de las exclusiones, el conocimiento circula en esos espacios sin cortapisas, forjando alianzas e inundando esferas públicas simultáneas, desde luego menos glamorosas y narcisistas, de seguro artesanales, cuando no clandestinas, pero todas montadas sobre códigos autónomos de transmisión del saber. Entender esa lógica, preguntarse por su sentido, supone reconocer que la historia, en medio de esta crisis, no está siendo únicamente narrada por historiadores a tiempo completo.
Andrés Estefane
Escuela de Gobierno
Publicado el Miércoles, 21 Noviembre 2012