Golpe a Turquía

Cristóbal Bellolio

El terrorismo ha vuelto a golpear en Estambul. Aunque nadie se ha adjudicado los atentados suicidas en el aeropuerto de la capital turca, el patrón pareciera ser el mismo que Daesh, alias Estado Islámico, sigue en su larga estela de muerte y destrucción.

Sin embargo, mucha gente acusa a Occidente de doble estándar: se conmocionan y conduelen cuando los ataques se producen en suelo europeo -cuando todos somos París o Bruselas-, pero parecen atribuirle menor gravedad a las mismas atrocidades en suelo asiático, especialmente cuando se trata de países mayoritariamente musulmanes. ¿Es justa esta crítica? En parte, sí. El valor de la vida humana, según los estándares liberales predominantes, es el mismo en cualquier parte. Nos debería escandalizar y enrabiar del mismo modo una matanza en Santiago Nueva York o Timbuktú. Sin embargo, hay varias razones que atenúan el cargo de inconsistencia. Los seres humanos experimentamos empatía en distintos grados. Primero nos importan nuestros familiares, con aquellos que compartimos caudal genético. Luego vienen aquellos con quienes compartimos comunidad cultural, lo que usualmente se traduce en identidad nacional. Por eso es común que los medios de comunicación ante cualquier tragedia, busquen al chileno en la desgracia. En cambio, nos importa un poco menos lo que ocurre a miles de miles de kilómetros del hogar. Nos apena, pero nada más. Evolutivamente, eso es normal.

Para un chileno, podría contraargumentarse, Francia y Bélgica están tan lejos como Turquía. Pero el estilo de vida de los primeros -eso creemos- se parece más al nuestro.

La herencia cultural europea pesa fuerte en esta parte del mundo. Otros, finalmente dirán que una lucha fratricida entre musulmanes es problema ajeno. En cambio, lo que hace ISIS contra las civilizaciones cristiano-occidentales es una afrenta a todos nosotros. No resulta convincente: hay tantos tipos de Islam como tipos de Cristianismo.

Este no es un problema entre musulmanes sino entre radicales violentos y el resto de la población mundial que desea vivir en paz.

En resumen, si bien es comprensible que los golpes terroristas se sientan más cerca cuando se dan en el corazón de Occidente, no hay que olvidarse que la locura fundamentalista no distingue de enemigo.

Cristóbal Bellolio
Escuela de Gobierno
Publicado el Viernes, 01 Julio 2016 en Las Últimas Noticias