Esfuerzo financiero en I+D

José Miguel Benavente

Escuela de Negocios

Diario Financiero

Recientemente ha vuelto la discusión sobre el esfuerzo que se debe hacer en inversión en Investigación y Desarrollo (I+D). Esta cifra, que no incorpora lo que se realiza en temas como innovación, emprendimiento tecnológico u otras actividades relevantes e intensivas en conocimiento como la prospección minera, alcanza hoy un magro valor de 0,39% del PIB. Para que tengan una idea y, considerando el actual nivel de ingreso por habitante, Chile debería estar invirtiendo en estas actividades una cifra algo superior a un 1% del producto. Una enorme brecha sin duda.

Ya se ha mencionado aquí que el gasto en I+D, como una medida aproximada de lo que se invierte en la incorporación de nuevas ideas a la economía es una de las causas – y no consecuencia, de mejoras futuras observadas en la productividad y el ingreso por habitante. Es decir, no es un hobby de país rico sino parte de la explicación del por qué los países son más prósperos. De allí que muchos insistan entonces en llegar lo antes posible a esta meta de 1% del PIB. Sin adentrarnos sobre el cómo, veamos aquí lo que significa financieramente esta cifra.

Si se asume que el país puede crecer en promedio anual de un 3,5% en los próximos diez años, para poder superar el umbral del 1% del PIB destinado a estas actividades, la inversión anual en I+D debería aumentar este año en unos 210 millones de dólares mientras que para el 2024 este aumento debería rondar los 360 millones. Obviamente, estos son promedios en base a la experiencia de otros países que crecieron antes. Y notar que estas cifras son los cambios anuales (flujo neto).

Pero una de las partes menos conocida es sobre la forma en que se reparte entre el mundo público y el mundo privado dicho esfuerzo. La evidencia sugiere que no es un proceso lineal (las participaciones) pero el actual 40% de participación privada debería llegar a un valor algo superior al 65% para ese entonces. Es decir, marginalmente la mayor pega debería venir desde las empresas, nuevas o vigentes. Naturalmente dicho esfuerzo estará orientado a generar conocimiento más práctico, el cual necesita de los esfuerzos previos que se han hecho en temas de conocimiento fundamental, formación de capital humano avanzado, la provisión de bienes públicos y bienes club, y de allí la no linealidad de las participaciones.

Para que todo cuadre, el sector público debería aumentar su gasto en forma permanente entre 120 y 130 millones de dólares anuales, es decir, entre un 1% y 2% anual real. Y el mundo privado, debería aumentar su flujo de financiamiento en unos 90 millones durante este año e ir creciendo en forma exponencial para llegar a un aumento anual superior a los 240 millones en una década. Esto significa que el gasto privado debe aumentar en forma sistemática a una tasa anual algo superior al 10%. El resto es música.

Esto es lo mínimo de lo mínimo. Es decir, para alcanzar un 1% del PIB en I+D en una década y seguir estando en el fondo de la tabla de la OCDE. Y dicho sea de paso, y tal como van las cosas, para ese entonces Colombia, Uruguay y sobre todo Argentina, ya habrán sacado una ventaja enorme.

José Miguel Benavente
Escuela de Negocios
Publicado el Miércoles, 02 Diciembre 2015