¿Envejecer o Reinventarse?

Ruth Weinstein
Escuela de Psicología
UAI

Todos envejecemos. Pero distinto es el cómo lo hacemos y como lo vivimos. Ser viejo o sentirse viejo aparecen como malas palabras en nuestra cultura. Malos deseos, un maleficio que se le dice a otro y lo que es peor, a uno mismo.
 
Actualmente la esperanza de vida se va alargando cada vez más, dejando corto el término de tercera edad, debiendo acuñarse una cuarta edad para referirse a personas mayores.  Esta nueva concepción de la vejez o la madurez deja muchos años por delante para ser vividos, pero por lo general con poca planificación tanto en lo personal como desde la sociedad.
 
Hay vidas que terminan a temprana edad, y que a pesar de haber quedado inconclusas, les dejan el consuelo a sus seres queridos que fueron muy bien vividas. Existen  personas de mucha edad,  que aun trabajan, crean, producen, se mueven. Como  también hay otras personas que sienten que ya no tienen nada más que hacer: crecieron los hijos, se fueron de la casa, se quedaron sin su pareja, perdieron el trabajo, jubilaron, ya no pueden realizar las actividades de antes, se sienten viejos y solos, etc.
 
 Hay ciclos vitales  más asociados a cambios, duelos y pérdidas, generalmente relacionados con mayor edad, que son proclives a que quienes pasen por ellos se sientan tristes, deprimidos, o encuentren que su vida deja de tener sentido. Lo que permite replantearse la vida. ¿Cómo seguir? ¿Para qué seguir? ¿Podemos volver a creer en que la vida merece ser vivida? A raíz de lo anterior, es que surge la posibilidad de reinventarnos, no importa nuestra edad, ni circunstancias. O nos quedamos llorando o paralizados ante aquello que nos hizo sufrir, en aquello que perdimos, o nos paramos desde ahí, curándonos nuestras heridas, con las cicatrices que adquirimos en nuestras batallas. Para lo cual se requiere el valorar lo que tenemos en el presente, sintiendo que estamos vivos, que tenemos una nueva oportunidad de renacer, de ser nuevos, distintos y enriquecidos con nuestros dolores y alegrías.
 
Podemos sentir bienestar si sentimos que vamos envejeciendo tanto física como psicológicamente?  El envejecer está asociado a algo malo, que es inevitable e ineludible. Por lo tanto, tenemos la posibilidad de vivirlo bien o mal, y de poder reinventarnos, darle un nuevo sentido, o varios nuevos sentidos a la propia vida. Es cierto que hay cosas que ya no podremos hacer, pero también es el momento para hacer aquellas cosas para las cuales no tuvimos tiempo antes. Estar vivos implica el sentirse vivos, implica la responsabilidad con cada uno de nosotros de vivir bien, de irle dando un sentido a nuestras experiencias cotidianas, que se vayan enmarcando en un sentido de vida, que se va adaptando a la edad, a los cambios, a los imprevistos, a las novedades, a las sorpresas.
 
Se puede ser un joven de 90 años, que se sorprende día a día con lo que le ofrece la vida, como también se puede ser un viejo de 30, que se abandona a sí mismo. El envejecer tiene un aspecto físico visible y objetivable, como también un aspecto psicológico, que podemos cambiar, para vivir mejor, independientemente de nuestra edad y circunstancias.
 
Quizá parte del sentirse viejo en nuestra sociedad moderna, es que le hemos ido quitando espacios a nuestros viejos. Ellos ya no tienen un lugar como en el Consejo de Sabios en donde se les pedía consejo, se les  escuchaba y validaba lo que decían. Literalmente ya no tienen muchas veces un lugar donde estar. Ya no los vemos, les quitamos existencia y validez. Tampoco los escuchamos, dando por sentado que están obsoletos, olvidando cuanto tienen ellos que aportarnos a nosotros, a nuestra sociedad, a nuestras familias y a nuestras historias.
 
Re inventarse, tener una vida con sentido implica saber que estamos junto a otros con los que nos vamos aportando mutuamente a ser todos mejores personas, manteniéndonos jóvenes de espíritu sin importar nuestra edad.
Ruth Weinstein
Escuela de Psicología
Publicado el Viernes, 09 Agosto 2013