En Valdés confiamos

Cristóbal Bellolio

Escuela de Gobierno
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Dicen que habló poco en el famoso cónclave de la Nueva Mayoría. Que junto al ministro de Interior Jorge Burgos salieron debilitados de la cita ante la reafirmación de los compromisos programáticos del gobierno. Que la tesis del “realismo sin renuncia” que ambos encarnan sufrió un abollón pues de realismo hubo poco. Sin embargo, al ministro de Hacienda Rodrigo Valdés se salió el habla días después para insistir en su posición: las platas públicas no son infinitas, la situación económica es delicada, y por ende el itinerario político debe ajustarse a esa realidad. Ello implica priorizar, dijo textualmente. Algunas reformas tendrán que esperar. Otros cambios deberán implementarse gradualmente. En otras palabras, que la ansiedad transformadora de la Nueva Mayoría debe contenerse.

Los ministros de Hacienda suelen ser poderosos en Chile. Alejandro Foxley lo fue con Aylwin. Eduardo Aninat en tiempos de Frei. Nicolás Eyzaguirre bajo la dirección de Lagos. Para qué hablar de Andrés Velasco en la primera administración Bachelet. Felipe Larraín con Piñera. O el propio Alberto Arenas, mientras duró. Rodrigo Valdés cultiva un perfil más bajo, pero está llamado a ser protagonista en los meses que vienen. Varias de las reformas que anhela el oficialismo requieren financiamiento. Una cosa es pedirle a Valdés que haga lo imposible por cuadrar la caja. Otra distinta es que haga magia. No se trata de ser más o menos de izquierda, sino de cuidar la responsabilidad fiscal de un país al cual le ha costado ganarse un prestigio en ese sentido.

El panorama de desaceleración económica no le conviene a nadie. Obviamente no les conviene a los empresarios que viven de esto. Pero tampoco le conviene al gobierno pues sin crecimiento hay menos recaudación. No les conviene a los chilenos en situación de pobreza pues si no se agranda la torta es magra la redistribución. No le conviene a los miles de compatriotas que buscan trabajo o dependen de la inversión. Por supuesto: no todo es crecimiento económico. Sin embargo todo se hace más lento y trabado si no recuperamos la capacidad de expandir la producción.

A la presidenta de la CUT, Bárbara Figueroa, le han caído mal las expresiones prudenciales del ministro de Hacienda. Pero hay que tomar en serio a Valdés. Su compromiso con las reformas de la Presidenta no debería ser objeto de cuestionamiento. De hecho acaba de defender el espíritu de la reforma laboral frente al influyente Fondo Monetario Internacional. Lo que ha dicho Valdés es que reformas de este tipo tienen un impacto en la economía y esos eventuales costos deben minimizarse para armonizar distintos objetivos. Dejemos trabajar al ministro Valdés. A Chile le conviene que le vaya bien en su pega.

Cristóbal Bellolio
Escuela de Gobierno
Publicado el Domingo, 09 Agosto 2015