El sillón rojo y la máquina milagrosa

Javier Traslaviña

Facultad de Ingeniería y Ciencias 
Innovación.cl

Hoy no cabe duda que para innovar o emprender se debe contar con liderazgos capaces de gestionar la creación de valor centrado en las personas y con un equipo entrenado en la resolución de problemas de diseño de nuevos negocios, los cuales demandan gestionar etapas de alta divergencia y converger a resultados accionables que vayan más allá de una buena idea.

En este contexto, el surgimiento de métodos y herramientas que faciliten la gestión y creación de valor ha sido un aporte fundamental para poder materializar y aterrizar focos estratégicos en resultados medibles que permitan hacer tangible resultados en un corto, mediano y largo plazo. No obstante y pese a todo lo avanzado, estamos aún cargados de mitos que entorpecen la posibilidad de avanzar más rápido y mejor, así como lograr que innovar sea propiedad de toda una organización y transversal a todas las personas.

Así entonces es que nos estamos encontrando, en diferentes organizaciones y entornos de emprendimiento, con la inquietud y confusión respecto a que obligatoriamente los procesos de innovación demandan espacios al estilo de los grandes referentes como Google, Pixar o Ideo, sin haber entendido en profundidad cuáles son los tipos de problemas que ellos resuelven.

En consecuencia, y dado que no nos hemos dado el tiempo suficiente, se piensa que necesariamente estos espacios deben considerar sillones cómodos (de preferencia rojos), plantas libres y un buen café o en el peor de los casos que hay que gastar un presupuesto importante en la compra de máquinas de prototipado rápido como corte láser, cnc o impresoras 3d. Ciertamente que todo lo descrito, así como otro equipamiento más, es muy relevante pero el punto es que antes que todo se debe prestar atención a que estos aspectos son solamente medios y no fines en sí mismos.

Innovar y emprender son en su base procesos de colaboración radical y en este sentido, se debe ir más allá de la multidisciplinariedad (ya difícil de lograr en un equipo de alto desempeño). Por lo tanto, se deben diseñar espacios y utilizar herramientas específicas de acuerdo al tipo de problema que se quiere resolver y detenerse a pensar en qué es lo que necesitamos para facilitar la conversación e interacción entre personas que tienen perfiles y modelos mentales diferentes. La oportunidad está entonces en cuestionarse cómo las personas que participan de procesos colaborativos, en base a su marco de experiencia así como una voluntad positiva, se transforman en verdaderos facilitadores ayudados por el entorno físico y por los métodos que hoy están disponibles para todos.

En este sentido, el desafío por resolver es que avancemos en identificar cuáles son las diferentes condiciones específicas que determinan el éxito o fracaso de las dinámicas de trabajo en equipo en espacios donde interactúan personas, promover el hecho de que es más importante haber identificado muy bien el desafío a resolver antes que enceguecernos con la tecnología de tal o cual máquina, así como valorar la legitimidad de usar cualquier medio disponible para hacer una idea tangible.

En síntesis, la elección del espacio adecuado y de la herramienta a utilizar depende primero del problema a resolver. Y un maestro de innovación y emprendimiento debe, por lo tanto, ir más allá de las recetas de tal o cual metodología o una determinada herramienta y comprender cuál es el impacto que estos factores tienen en un equipo de personas, conociendo sus alcances y limitaciones de manera de tener la libertad de elegir o incluso hacer adaptaciones de acuerdo a su experiencia.

Javier Traslaviña
Facultad de Ingeniería y Ciencias
Publicado el Martes, 22 Abril 2014