El otoño del patriarca

Cristóbal Bellolio

Escuela de Gobierno

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Condenado por delitos tributarios en el marco del caso Penta. Así terminó Enrique Manuel Jovino Novoa, tótem de la UDI, padrino de generaciones gremialistas, ex senador por Santiago, uno de los hombres más poderosos de Chile. El tribunal le dio presidio remitido. Esto significa que cumplirá su pena en libertad. Se salvó jabonado de la pena aflictiva y sus consecuencias. Dicen que sus abogados llegaron a un acuerdo con la Fiscalía para despachar el asunto rapidito en juicio abreviado y de paso evitarle al atribulado Jovino un castigo mayor. Pero no es necesario verlo tras las rejas para leer el episodio como una derrota durísima en lo personal y en lo colectivo.

En lo personal, porque Jovino no pasará a la historia como habría querido. No hace mucho que nos juró que no había cometido ilícito alguno. No hace mucho que sus seguidores dijeron que era un perseguido político. No hace mucho que, canchereando con los cargos que se le imputaban, calificó la investigación en su contra como “ideológicamente falsa”. En la audiencia del viernes, sin embargo, confesó su culpabilidad. Es decir, antes nos mintió. Es cierto que a veces confesar es una buena movida estratégica: se accede a ciertos beneficios procesales y se ahorra el desangramiento público de un juicio largo y televisado. Pero la mancha de la condena no sale fácil. Jovino puede insistir hasta caer rendido que su caso no es el único y que muchos otros hacían exactamente lo mismo. Es probable que tenga razón. Pero esa línea de defensa reputacional no ha probado ser efectiva.

En lo colectivo, la UDI también queda golpeada. No sólo por la enorme ascendencia histórica del patriarca, sino porque el partido vuelve al ojo del huracán noticioso por las peores razones. A estas alturas ya no extraña que las encuestas digan que la UDI es el partido peor evaluado de Chile. Si fuera un problema puramente político, quizás no sería tan grave. Pero tiene una dimensión ética difícil de arreglar con caras sonrientes y deditos para arriba en los afiches de la próxima campaña. Duro como suena, el partido más grande de Chile pasó a ser, en la retina ciudadana, el partido asociado a las malas prácticas.

Por si fuera poco, la UDI queda atrapada en su propia trampa retórica. Aunque gusta de aparecer como el partido más duro contra la delincuencia, aquí vemos a sus dirigentes haciendo malabares para evitar referirse a los actos delictivos cometidos por su militante más encumbrado. La señal para la opinión pública es que esa dureza debe ser socialmente selectiva.  Es el mismo partido que a ratos despotrica contra el excesivo garantismo de los jueces y la generosidad de la presunción de inocencia. Pues Jovino debe estar agradecido de esas garantías. De lo contrario, el patriarca estaría enfrentando un otoño mucho más duro todavía.

Cristóbal Bellolio
Escuela de Gobierno
Publicado el Domingo, 29 Noviembre 2015