El mayor misterio del caso Aurus

Carlos Ruiz

Más allá de la responsabilidad del gestor Peña, queda averiguar por qué fallaron todos los mecanismos de control de una empresa cuyo giro justamente consiste en monitorear los riesgos de sus inversiones.

Muchas cosas cambiaron en el mundo con la crisis financiera de 2008. Especialmente lo que tiene relación con la gestión de derivados financieros en las empresas de inversiones. Haga memoria: el uso y abuso de instrumentos derivados que tenían como subyacentes a contratos de créditos hipotecarios, no sólo hizo quebrar a gigantes gestores como Lehman Brothers, Wachovia o Bear Stern. También ocasionó una gigante contracción financiera y económica global, la crisis subprime, cuyas consecuencias se siguen sintiendo fuerte.

Por ello, una empresa que se dedica a invertir dinero de terceros y que emplea derivados no puede decir que no estaba advertida: desde 2008, las operaciones con derivados deben ser estrictamente monitoreadas por las empresas que se dedican al giro de las inversiones, especialmente cuando se trata de dineros de terceros.

Eso es lo sorprendente e inaceptable del caso de Aurus que se acaba de conocer. Aunque aún no tenemos toda la información del caso, ya sabemos lo esencial: que Aurus, una importante gestora de fondos, detectó recientemente que dos de sus fondos habían usado derivados para hacer un maquillaje contable para así evitar que se descubrieran las pérdidas que había tenido. La empresa realizó una auditoría interna y descubrió que el responsable de estos actos fraudulentos fue Mauricio Peña, un gestor de destacada carrera en la compañía y en otras empresas como Moneda Asset Management y el mismo Banco Central. Al momento de redactar esta columna, aún no estaba claro qué fue lo que sucedió con Peña ni cual habría sido su motivación. Lo que sí se sabe es que el dinero se perdió por erradas decisiones de inversión, sin que el gestor, o alguien más, se hubiese llevado el dinero de las inversiones para la casa, como sí ha ocurrido en otros casos de escándalos financieros recientes. Será responsabilidad del fiscal Carlos Gajardo, de la unidad de delitos de alta complejidad de la fiscalía oriente, investigar y determinar responsabilidades.

No obstante, hay una responsabilidad importante que no requiere ninguna investigación y que tiene que ver con los mecanismos de control que debe haber en cualquier administradora de fondos. La institución no puede decir que la responsabilidad sólo recae en el gestor, aunque contase con un alto grado de confianza por parte de los socios de la firma. Eso es inaceptable. Si el directorio no conoce las operaciones de derivados que se estaban haciendo, es porque está mal constituido el giro del negocio. De todos modos, las empresas financieras deben tener mecanismos de control complementarios. Si por algún motivo no lo sabe el directorio, lo sabe el ejecutivo encargado de back office, o el de compliance. O lo sabe el auditor o lo sabe el risk manager que tiene como responsabilidad monitorear los riesgos financieros del negocio. Una empresa financiera bien constituida tiene múltiples mecanismos de control para estos casos.

Sí, puede ser que un gestor de una empresa financiera se escape con los tarros y haya escondido en un producto derivado varias cosas para evitar mostrar las pérdidas. Pero tiene que haber otra persona que sea el responsable de valorar correctamente, poner un fair market value, a ese activo. Es lo que en la jerga financiera conocemos como mark to market: la acción de valorar permanentemente y de manera realista el valor de mercado de un activo financiero. Una tarea que hay que hacer todos los días porque todos los días los activos cambian de precio, de acuerdo a los índices o cotizaciones que le sirven de referencia. Un ejemplo: si un gestor decide compra un bono en dólares para su portafolio pero quiere pasarlo a UF, puede acudir a un contrato de derivados para hacer la transformación. Cuando eso sucede, otra unidad de la empresa, especializada en la valorización de activos, debe entender que ese contrato está matchando o compensando el bono original y que, por tanto, los precios de ambos deben moverse en conjunto. Esa unidad debe hacer mark to market a ese contrato todos los días, y registrar permanentemente la ganancia o la pérdida neta, porque es un papel que se transa en el mercado y hay que ver cuánto vale después de derivado. Es una tarea básica de todas las empresas financieras deben hacer diariamente, especialmente cuando hablamos de fondos que cotizan en bolsa.

Por el momento, no sabemos la motivación de Peña ni su grado de responsabilidad en la pérdida que puede llegar a US$ 25 millones. No obstante es difícil imaginar a una empresa que hoy en día se dedique al manejo de inversiones para terceros, que no comunique ni monitoree los productos derivados que realizan para manejar las inversiones. Es una tarea básica del backoffice. ¿Por qué no funcionó en el caso Aurus? Ahí está el mayor misterio.

Carlos Ruiz
Escuela de Negocios
Publicado el Viernes, 07 Octubre 2016 en El Mercurio