El Mercedes...

Gonzalo Islas

En su ofensiva mediática de la última semana, José Piñera ha insistido en comparar el sistema de pensiones con un “Mercedes”, al que solo le falta la “bencina” (el ahorro previsional) para funcionar bien. La analogía que hace el ex ministro resulta iluminadora, aunque por razones bastante distintas de las que probablemente imagina él.

La primera razón es que no necesariamente un Mercedes es el mejor automóvil para todos los caminos. ¿Si tiene que viajar por caminos pedregosos, preferiría usted un Mercedes coupé o un 4X4? El mercado del trabajo chileno tiene bastantes más baches de lo que, incorrectamente, se asumió en 1981: informalidad, períodos de lagunas previsionales, empleadores (y trabajadores) que prefieren cotizar por valores menores a su sueldo. Todo lo anterior implica que el ejemplo del trabajador que cotiza en forma estable y regular toda su vida, que se usaba para promocionar las bondades del sistema en 1981, no sea representativo de la mayoría de los afiliados.

Implícito en la concepción del sistema está la idea de que sus afiliados son altamente informados e involucrados en su funcionamiento (“como es mi auto, lo cuido”). Al ligar directamente la contribución a la pensión se esperaba crear fuertes incentivos al ahorro. Al ser los trabajadores dueños de sus ahorros, se esperaba que estuvieran muy informados con respecto al desempeño y costos de las AFP, obligándolas a competir tanto por rentabilidad como por precio. Ni lo uno ni lo otro caracteriza el comportamiento de los participantes del sistema. La evidencia nos muestra grandes deficiencias en la educación financiera de los chilenos (como lo muestra la continua aparición de estafas piramidales) y un grado de desconocimiento con respecto al sistema de pensiones que hasta un ex superintendente de Pensiones ha calificado recientemente de alarmante.

Hay otra parte de la analogía que es aún más grave y que involucra directamente al ex ministro. Al comprar un auto, uno de los elementos más importantes de la decisión es conocer su consumo de bencina. Al fijar una tasa de cotización de 10%, se incentivó a los trabajadores de la época a “cambiar” su auto (la “citroneta” de las antiguas cajas, donde se cotizaba alrededor de 20%) por uno cuyo consumo por litro era mucho más bajo. 36 años después, muchos se dan cuenta (con sorpresa) de que la bencina no alcanza (más aún cuando el crecimiento de la expectativa de vida hace que el viaje sea más largo de lo que se pensó en 1981).

El modelo “capitalización” tiene importantes ventajas sobre el modelo “reparto” (aunque siempre existan los nostálgicos que añoran a sus queridas citronetas). Pero eso no significa que no sea necesario llevarlo al taller, tal como se hizo en la reforma previsional de 2008. En particular, es clave reconocer que se necesita más bencina (aunque nos duela el bolsillo).

El ex ministro Piñera, al parecer amante de los autos clásicos y tan enamorado de su modelo original, como los nostálgicos de las citronetas, no es el mecánico que se requiere. Al mismo tiempo, el Gobierno debería reconocer que no basta con arreglar el auto, también es necesario tener buenos caminos: un mercado laboral que incentive la formalización y la participación.

Gonzalo Islas
Escuela de Negocios
Publicado el Viernes, 05 Agosto 2016 en Pulso