El juego de Manuel Riesco

Ignacio Briones

En días recientes el economista Manuel Riesco ha hecho una acusación temeraria: que las AFP operarían “una estafa Ponzi, donde los beneficios se pagan con las recaudaciones nuevas y el resto va al estafador”. Sin duda, una imputación grave que cabe suponer se traducirá en la correspondiente denuncia a la justicia por estafa y apropiación indebida de fondos.

Por supuesto, lo primero que tendría que hacer es demostrar su afirmación. Tarea titánica, ya que lo que aduce es conceptualmente deficiente. Y es que o Riesco desconoce en qué consiste un juego Ponzi o bien decididamente busca confundir a la opinión pública con afirmaciones comprobablemente falsas.

Un juego Ponzi o de estructura piramidal es un esquema en el cual se ofrece un atractivo retorno a los inversionistas, pero sin que su dinero se invierta realmente en activos que permitan financiarlo. A su vez (de ahí la estafa), el articulador del juego obtiene una suculenta e ilegítima tajada apropiándose de lo que no le pertenece. Entonces, ¿cómo se financia el retorno prometido? ¿Cómo se sostiene la pirámide? Con una base creciente de nuevos inversionistas cuyos aportes permitan pagar a los que están en la punta de la pirámide. ¿Y si la base de aportantes se contrae? La pirámide se desmorona. Fin del juego

¿Cumplen las cuentas de capitalización individual con el requisito del juego Ponzi? Según Riesco, sin duda. Y el ejemplo que nos da es tan mañoso como repetitivo: “Que cada mes se recaudan 500 pero que solo se pagan 200 en pensiones”. Como la base es mayor que el pago, concluye que se trata de una estafa Ponzi, en que los 300 de diferencia serían esquilmados por los articuladores del juego: las AFP y sus secuaces.

Por supuesto, Riesco omite la parte central de la historia. Nos presenta los flujos monetarios de entrada (aportes) y salida en un momento dado, pero omite referirse al stock de riqueza acumulado en cuentas individuales de propiedad del cotizante, con nombre y apellido. Este stock resulta del aporte histórico del trabajador y del retorno de inversiones en activos reales y absolutamente verificables en www.spensiones.cl. A su vez, las AFP, como su nombre lo indica, son meros administradores, sin posibilidad alguna de apropiarse de los fondos de los cotizantes. En suma, todo lo contrario de un juego Ponzi.

En la dimensión económicamente relevante, es con cargo a esos fondos individuales, y no a los aportes de entrada de otros cotizantes, que se financia el pago de pensiones de una persona. Esa es precisamente la lógica de la capitalización individual. Una que no admite pirámides por una sencilla razón: la base individual, siempre coincidirá con la punta, también individual y con el mismo nombre y apellido, al momento del retiro.

El que actualmente los flujos de aporte sean mayores que los de salida no precisa de teorías confabulatorias para entenderse. Solo refleja que hoy existen pocos pensionados en relación con los que habrá mañana y que actualmente cotizan para su vejez. De hecho, ese es el problema de los esquemas de reparto de beneficio definido: con una población que envejece, la base contributiva de trabajadores se achica, necesitándose –ahora sí cual pirámide– de un creciente aporte de estos últimos para financiar las pensiones de los que están en la punta jubilándose. En consecuencia, si Manuel Riesco gusta de buscar juegos Ponzi, un candidato natural que debiera mirar es el del sistema de reparto que defiende, en lugar de desviar la atención hacia la capitalización individual.

En la esfera pública, particularmente tratándose de temas de relevancia, es necesario actuar sin distorsionar mañosamente los conceptos básicos. Sin acuerdo sobre estos es imposible un diálogo razonado. Es muy legítimo tener una postura contraria a la capitalización individual y a favor del reparto. Lo que resulta inaceptable es intentar ganar por secretaría, acomodando las definiciones a los eslóganes que se intenta instalar.

Ignacio Briones
Escuela de Gobierno
Publicado el Miércoles, 31 Agosto 2016 en El Mostrador