Columnas de Opinión
El inevitable «Plan A»
La Segunda blog
Con más de un año de anticipo, los socios controladores de la Concertación han empezado ya a notificarnos que para la próxima elección presidencial no hay ni habrá «plan B». Era obvio: sin ningún interés en asumir en serio las causas de la derrota en la última contienda, han procurado dejar todo congelado por cuatro años, a la espera del retorno triunfal de Michelle Bachelet. Saben a ciencia cierta que de ese tinglado manejan todas las teclas y han decidido mantener firme los amarres, para que nada ni nadie pueda amenazar su control del timón y de las maquinarias. Saben o intuyen con conocimiento de causa que la ex Presidenta es solidaria con ellos, y que, con entusiasmo o sin él, deberá recurrir a los fácticos y al lado oscuro de la fuerza para armar su plataforma política. Así, la misión es clara: impedir que los «colados» puedan meterse por la ventana. Cerrar las puertas a cualquier brisa de renovación que pretenda desestabilizar aquello que se ha transformado en su estilo de vida y de sobrevivencia política.
Al igual que todos los chilenos, miran las encuestas y constatan la cruda decadencia de la Concertación. Pero no les importa. Con el enamoramiento fiel que la inmensa mayoría siente por Bachelet basta y sobra para lo único que realmente les quita el sueño: volver al poder. Al menos en eso confían, y su estrategia busca por tanto despejar todos los obstáculos que vayan surgiendo en el camino. No lo pueden decir en voz alta, deben jugar a la participación y hacer como si los aires de recambio fueran algo que los motiva e impulsa. Pero no: tarde o temprano terminarán por apelar a la «responsabilidad» y a las «razones de Estado», con las mismas prácticas y lógicas con que la vez anterior impusieron unas primarias de cartón e impidieron toda competencia real.
La sola notificación de que «no hay plan B» ya es lo suficientemente categórica como para no pasarse películas respecto de lo que será esa primaria: un pescado podrido envuelto con un papel de diario nuevo, que en su titular dirá que ahora sí tiene sentido «repetirse el plato». Con todo, otra vez, tendrán que montar una escena. Jugarán durante muchos meses a estimular o al menos a aceptar que surjan alternativas, pero, llegada la hora decisiva, buscarán imponer por la fuerza y a los manotazos el peso inexorable del «plan A». Mientras tanto, serán acogidos Andrés Velasco, Ximena Rincón y cualquier otro entusiasta que surja en el camino. Tendrán su año de circo para intentar convencer a la galería que ahora es verdad, que se han aprendido las lecciones, y que las alternativas y la competencia son sanas y deseables. Tras bambalinas todo irá, sin embargo, caminando en la dirección contraria. Los que quieran participar de la función de títeres, bienvenidos. Los que busquen ser alternativa y competir en serio con Bachelet, tarde o temprano encontrarán una cabeza de caballo ensangrentada a los pies de la cama.
Es mejor tenerlo claro desde ya. Las nuevas generaciones de la Concertación serán invitadas a participar de la «operación retorno», pero no serán nada más que eso: «invitadas». Este proyecto será atendido personalmente por sus propios dueños, es decir, los mismos de siempre. Tienen ahora, además, a su favor a una ciudadanía entusiasta, y el peso de las encuestas se hará sentir esta vez con todo. De hecho, es tal la confianza que provocan los números, que ya han empezado a distribuir cargos y cupos parlamentarios a través de «competencias pactadas», eufemismo sin careta usado por el presidente de la DC, y cuyo objetivo explícito es que al final estén «los que no pueden no estar».
En resumen, todo dispuesto para la fiesta. El cronograma está sancionado y funcionando. Al que quiera participar, ningún problema, siempre y cuando reconozca quiénes son los dueños de casa y se acomode sumiso en la ubicación que le corresponde. A los otros, los que creían que esto podía ser distinto, que era necesaria una renovación genuina, hacerse cargo del nuevo Chile y de la nueva ciudadanía, simplemente, ¡que se ubiquen…!




