Fiscal Gajardo, el Harvey Dent chileno

Cristóbal Bellolio

Escuela de Gobierno
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Un escalofrío recorrió las redes sociales cuando esta semana se rumoreó que el fiscal Carlos Gajardo era –una vez más- alejado de la investigación de un caso de eventual corrupción política, lo que incluso habría gatillado su renuncia al Ministerio Público. Duró sólo unas horas: al rato se confirmó que Gajardo se unía al equipo del fiscal nacional Sabas Chahuán en la indagatoria del capítulo Corpesca, donde –una vez más- ciertos honorables habrían recibido dineros potencialmente irregulares. Pero mientras duró, cientos de voces acusaron manos negras y presiones indebidas. ¿Por qué esa devoción por la figura del fiscal Gajardo?

Simple: parte importante de la ciudadanía cree que Gajardo es de los pocos que quedan del lado de los buenos. Un adalid de la justicia, que detrás de un escritorio persigue a los delincuentes de cuello y corbata, aquellos que Chile no se banca ni un minuto más. En el Santiago de la segunda Bachelet, es la G de Gajardo la que se ilumina en el cielo cuando se trata de lidiar con la corruptela que está pulverizando las confianzas públicas.

¿Qué pasó con Camila Vallejo o Iván Fuentes, héroes de tiempos piñeristas? Entraron al Congreso y automáticamente perdieron el brillo subversivo ante los ojos de la población apolítica. Ya no se puede contar con ellos para denunciar a los políticos corruptos porque –en una narrativa tan babosa como imprecisa- se han vendido al sistema. Esa es la situación: difícil que alguien que provenga del mundo de la política institucional se gane la admiración del ciudadano promedio.

En todo caso, al igual que Vallejo o Fuentes, Gajardo también tiene chapa institucional. No es un llanero solitario sino un funcionario público. Como el Harvey Dent de Ciudad Gótica, Gajardo es un superhéroe a rostro descubierto. Es casi una característica nacional aquella que buscar las soluciones dentro de los canales institucionales. No somos dados al romanticismo de revolucionarios verde oliva, sino al austero azul marino del empleado del mes.

Es probable que Gajardo sea un dolor de cabeza para sus superiores. A fin de cuentas, es difícil no creerse figura en estas circunstancias. Dicen que le han tratado de hacer la cama –en especial su jefe directo, el fiscal regional Oriente Sergio Ayala. Dicen que lo han reconvenido a moderar al sabueso interior, para que entienda que hay asuntos de estado en juego que superan la comprensión del fiscal de turno. No sabemos si estas historias son ciertas, pero ayudan a incrementar el mito del quijote moderno que busca echar abajo a los molinos del poder.
 

Cristóbal Bellolio
Escuela de Gobierno
Publicado el Lunes, 15 Junio 2015