El Chile que "sigue siendo"

Leonidas Montes

Mientras escuchaba una reciente entrevista a David Gallagher en radio Duna, recordé una anécdota cantabrigense. Cuenta la historia que durante un viaje en tren, posiblemente entre Cambridge y Londres, el filósofo Wittgenstein le explicaba algunas complejas cuestiones filosóficas sobre el lenguaje a su gran amigo, el economista Piero Sraffa. El economista, después de escuchar atenta y pacientemente las peliagudas disquisiciones del filósofo, finalmente habría reaccionado. Sraffa lo miró, levantó su cabeza y pasando los dedos de su mano por el cuello le habría preguntado a Wittgenstein: “Y esto, ¿qué significa?”.

De seguro Wittgenstein quedó desconcertado ante el provocativo gesto y el significado de su pregunta, pero en el prefacio de sus Investigaciones Filosóficas confesaría su deuda a Sraffa escribiendo: “A este aguijón le debo las ideas más ricas de esta investigación”. Hay varias incógnitas y reflexiones detrás de este episodio, que abarcan desde los motivos de la reacción de Sraffa y las razones del reconocimiento de Wittgenstein, hasta lo que ha sido la relación entre la filosofía y la economía. No obstante, esta anécdota se me vino a la mente por una razón más atingente a nuestra realidad local.

En la entrevista, Gallagher, un liberal cosmopolita que se mueve como un pez en las aguas del mundo financiero internacional, fue consultado por la percepción de que en Chile “se estaban haciendo leseras”. Su respuesta fue afirmativa, pero prosiguió con una aguda y simple reflexión lingüística que inmediatamente me recordó la notable historia del gran filósofo del lenguaje junto al economista de Cambridge.

Gallagher reflexionó sobre el uso del verbo “sigue” en el discurso de ministros y personeros de gobierno que salen a atraer inversionistas extranjeros. Recordó cómo en los últimos Chile Days, u otros eventos internacionales de esta naturaleza, se promocionaba a nuestro país, argumentando que Chile “sigue siendo un país confiable”, que Chile “sigue siendo un país seguro para invertir” o que Chile “sigue teniendo seguridad jurídica”. A primera vista este sería un simple detalle lingüístico, pero hay causas que explican el uso del “sigue siendo”.

Por de pronto, veamos algunas cifras. En el gobierno de Piñera vivimos un excepcional crecimiento económico promedio del 5,3%. Durante el gobierno de Bachelet, el crecimiento raspa el 2%, habiéndose corregido todos los pronósticos a la baja. Basta mirar los Informes de Política Monetaria del Banco Central (IPoM), los informes del FMI e incluso los de la Cepal. Por ejemplo, la predicción del IPoM de septiembre 2013 para el 2014 fue 4,5% y la de septiembre 2014 para el año 2015, de 3,5%. La Cepal, por su parte, en octubre 2013 pronosticó un 4% para 2014 y en octubre 2014 un 3% para 2015. Y el FMI fue aún más optimista: en abril del 2013 proyectó un 4,6% para 2014 y en abril de 2014, un 4,1% para 2015. La realidad fue mucho peor de lo esperado: Chile creció en 2014 a un 1,9% y en 2015, un 2,1%.

Más aún, el IPoM de septiembre del 2015 proyectó un 3,0% de crecimiento para el año 2016, pero el último IPoM de septiembre de 2016, registrando una nueva caída del PIB tendencial, ya bajó el crecimiento para este año al rango 1,75%-2%. Como se puede ver, durante este gobierno la dura y porfiada realidad ha sido mucho peor que todas las predicciones. Y aunque es claro que existen razones externas, también hay causas internas que explican estas cifras y el uso del “sigue siendo”.

En efecto, el gerundio condicional “sigue siendo” es sintomático de algo más profundo. Es análogo al famoso “realismo sin renuncia”. Es el espejo lingüístico que va de los hechos a las palabras. Dicho de otra forma, el “sigue siendo” es una consecuencia de ese “realismo sin renuncia” que sigue aferrado a reformas mal hechas con serios problemas de implementación. Por eso, en un compás de espera y de incertidumbre, crecemos bastante menos de lo esperado. En fin, tal como lo sostiene Wittgenstein en sus Investigaciones Filosóficas, las palabras también son hechos y la relación entre “sigue siendo” y “realismo sin renuncia” es un buen ejemplo.

Los filósofos del lenguaje de La Moneda, ese grupo de leales colaboradores que deambulan en el hermético círculo que apaña a Bachelet, necesitan a algunos Sraffa que les hagan el famoso gesto y los bajen a tierra. Los ideólogos del “realismo sin renuncia” entienden su significado, pero soslayan e ignoran la realidad. Parecieran estar parapetados en aquel dictum de Wittgenstein que afirma que “los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”. El único problema es que el mundo, como nos recordó Gallagher, ya no ve a Chile como antes, sino con cierta cautela e incluso desconcierto.

Andrés Allamand, que no tiene pelos en la lengua para decir lo que piensa, en La Salida sindica al sociólogo Pedro Güell como “el gran testarudo de La Moneda”. Quién sabe si Güell algún día escribirá una investigación académica que bien podría titularse “El sigue siendo del realismo sin renuncia del gobierno de Bachelet”. Quién sabe si las y los economistas que avalaron el programa y avivaron la cueca de las grandes reformas siguen el ejemplo de esos pocos valientes -hay notables excepciones- que nos recuerdan a Sraffa. Y quién sabe si finalmente el economista de Cambridge no pretendía demasiado con su provocativo gesto y esas pocas palabras. Quizá Sraffa, aburrido y cansado de escuchar el discurso de Wittgenstein, sólo quería conversar y volver a la realidad del mundo. Esto último -conversar la realidad- es lo que nos ha faltado. Pero todo indica que ya llegó el momento para que Chile vuelva a “ser” y no “siga siendo”.

Leonidas Montes
Escuela de Gobierno
Publicado el Domingo, 02 Octubre 2016 en La Tercera