De Uber al cabotaje

Ignacio Briones

 

Qué duda cabe que una de las grandes ganancias de la revolución tecnológica es aprovechar de forma más eficiente capacidades otrora ociosas. Es lo propio de aplicaciones como Uber en transporte o airbnb en arriendo temporal de propiedades.

Por supuesto, estas ganancias de eficiencia y mayor competencia resultante no son del agrado de los incumbentes que sienten amenazadas sus rentas y piden protección. Es lo que hemos visto en Chile en el gremio de taxis y hotelero.

Si bien estas disrupciones generan ganadores y perdedores, no hay que perderse respecto a la ganancia país. Aprovechar capacidades ociosas significa producir lo mismo con menos (o más con lo mismo). O sea, productividad.

Pero no todo es tecnología. Hay otras formas muy a mano para aprovechar capacidades ociosas. En Chile el cabotaje marítimo y aéreo proporciona un buen ejemplo.

Se trata de una industria protegida por ley y reservada sólo a empresas chilenas. ¿Se imagina usted que por ley los televisores o los autos tuvieran que hacerse en Chile? Y si bien eso ocurrió en el pasado – ahí están los TV Bolocco o los autos armados en Arica- Chile está mejor con TV Samsung y autos Toyota.

Diariamente recibimos gran cantidad de barcos extranjeros que dejan su carga en un puerto y luego van vacíos a otro puerto para ser recargados. Aprovechar esa capacidad ociosa abriendo el cabotaje sería, a todas luces, beneficioso. Máxime cuando disponemos de una natural carrera gratuita: el mar. Sería una forma eficiente de “producir” transporte de carga a mínimo costo. Eso liberaría recursos productivos de alternativas menos eficientes tales como camiones y aumentaría la competencia en carga marítima.

En la misma línea, ¿Tiene sentido que un 747 extranjero que  aterriza por la mañana y parte de vuelta en la noche no pueda utilizar su día ocioso en vuelos internos? ¿No ganaría acaso el consumidor y el país permitiéndolo? No hay razones económicas para duplicar esa infraestructura forzando por ley la provisión local.

Todo esto tan obvio, se topa con la resistencia de los incumbentes. Y los argumentos dejan que desear. Tomemos el caso del cabotaje marítimo. Para oponerse a la apertura se dice que las naves extranjeras tienen tasas impositivas más bajas o que su mano de obra es más barata. También que vamos a destruir la marina mercante local y las fuentes de trabajo chilenas.

Si consideramos que abrir el cabotaje no es otra cosa que permitir la importación de un servicio, entonces estos argumentos van en contra de todo lo que Chile ha hecho en materia de libre comercio. ¿Deberíamos poner barreras a la importación de zapatos chinos so pretexto que la mano de obra o la tributación son más baratas allá? ¿Aceptaríamos que los países ricos, con tributaciones y sueldos más altos que Chile, invocaran el mismo argumento para limitar nuestras exportaciones?

Abrir el cabotaje fue una idea impulsada con valor por el ex ministro Fontaine. Pero se estrelló con un muro. Hay que felicitar al gobierno por reponer este tema en la agenda. Y también a la Comisión Ramos y a la CPC (Confederación de la Producción y del Comercio) por incluirlo en sus propuestas de productividad (aunque es necesario ir más allá y ampliarlo al cabotaje aéreo).

Y es que al final del día, como con Uber o airbnb, lo que está en juego en esta discusión es si queremos ser pro empresa o pro mercado. Vaya que no es poco.

Decano Escuela de Gobierno

La Tercera

Ignacio Briones
Escuela de Gobierno
Publicado el Viernes, 06 Mayo 2016