Dávalos-Compagnon: monos con navaja

Cristóbal Bellolio

Escuela de Gobierno

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Según Sebastián Dávalos, primogénito presidencial, su caída en desgracia estuvo digitada por las huestes del ex ministro Peñailillo y la llamada G-90. ¿Habrá tenido tanta importancia el director del área sociocultural de La Moneda como para ser objeto de una conspiración en su contra? Dudoso. Sabemos que la relación entre el hijo biológico y el hijo político de Michelle Bachelet era tensa, pero Dávalos parece atribuirse más importancia de la que tiene. Naturalmente, el lote de Peñailillo aprovechó de copar los espacios de poder disponibles, como lo haría cualquier grupo ambicioso que siente que finalmente llegó su oportunidad. Pero uno pensaría que en ese objetivo había peleas más importantes que deshacerse del joven Dávalos, por muy cercano que éste haya sido a su madre.

Lo escribo en pretérito porque cada noticia que sale del caso Caval es otro clavo en la tumba de la popularidad de Bachelet. Lo único que está claro de la estrategia del matrimonio Dávalos-Compagnon es que no están muy preocupados de ahorrarle malos ratos a la Presidenta. Por el contrario, a veces pareciera que la táctica de victimización y despecho va asociada a un intento deliberado de meter al gobierno al baile. Hace pocos días, Natalia Compagnon indicó que la mismísima mano derecha de Bachelet, Ana Lya Uriarte, estuvo involucrada en los controvertidos negocios de Caval. Si Transantiago era una “mala palabra”, la Presidenta debe tener pesadillas con esta otra, que ahora se le instala en el segundo piso.

La táctica de Compagnon – que arriesga una formalización e incluso prisión preventiva en el marco de la investigación judicial- pareciera ser la siguiente: si caigo yo, caen todos conmigo. Al sumar más nombres a la ecuación –especialmente nombres sensibles para La Moneda-, Compagnon podría esperar que el gobierno entienda los costos de dejar al atribulado matrimonio a su suerte. Eventualmente, que active sus influencias para que la sangre no llegue al río. Se sienten solos contra el mundo, tal como se sintió Hugo Bravo antes de cantar en el caso Penta. Son como animales heridos. Por eso son peligrosos para el gobierno, que parece no tener armas para controlarlos.

Cristóbal Bellolio
Escuela de Gobierno
Publicado el Lunes, 18 Enero 2016