Control de identidad: necesidad política pero lamentable noticia

Cristóbal Bellolio

Escuela de Gobierno
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Por unanimidad -al menos en la Comisión de Constitución, Legislación y Justicia de la Cámara de Diputados- se aprobó el llamado proyecto de control preventivo de identidad, que para muchos es un retorno práctico al régimen de detención por sospecha. La verdad es que al Gobierno y al Congreso no les quedaba otra que darle en el gusto a la mayoría de la población que exige mano dura con la delincuencia. La inseguridad ciudadana aparece en todos los rankings como una de las preocupaciones centrales de los chilenos. Esas mismas encuestas señalan que la gente está de acuerdo con autorizar a las policías a exigir que cualquier persona acredite su identidad en la vía pública, ya sea con el objeto de revisar si tiene órdenes de detención pendientes o eventualmente de prevenir delitos.

Se entiende la necesidad política, pero la medida en sí misma es lamentable. Darle más poder al poder nunca ha sido una buena idea, al menos para aquellos que valoran las libertades individuales. El riesgo de abuso policial es evidente. Sin mencionar que este tipo de controles funciona en base a intuiciones discriminatorias. ¿A quién cree que van a parar los Carabineros? Al que tenga la mala suerte de parecer distinto, marginal, flaite, peligroso, foráneo en el barrio*. Todo esto sin mencionar el mal rato que van a pasar aquellas personas que sean detenidas y registradas de punta a cabo para saber en “qué andan”, procedimiento que puede ser humillante si el funcionario policial se pone pesado. Ni hablar de aquel pobre diablo que salga sin su carnet de identidad y sea –ni tan amablemente- conducido a la comisaría más cercana para acreditar su nombre y domicilio, lo que puede tomar unas cuantas horas… ¿Usted confía en el criterio de las fuerzas de orden? Pues yo no tanto.

¿Bajará la tasa de crímenes y delitos con esta medida? Poco probable. La evidencia no lo afirma. Pero aunque así fuese, queda la duda de si acaso el fin justifica los medios. Hay algunos sectores políticos que no le hacen asco al autoritarismo en el nombre del orden público y azuzados por el miedo. Era obvio que la derecha iba a cuadrarse con el proyecto (a fin de cuentas lo venía proponiendo desde tiempos de Hinzpeter). Llama la atención que los autodenominados progresistas hayan agachado el moño. Sin embargo, con la aprobación de Michelle Bachelet por los suelos, esta vez era recomendable legislar para la galería y rendirse al populismo penal.
 

Cristóbal Bellolio
Escuela de Gobierno
Publicado el Jueves, 03 Septiembre 2015