Cómo sobreponerse a la pérdida del hogar

Paula Cornejo

Una experiencia traumática, como la destrucción de nuestra casa por un incendio, puede desencadenar síntomas de ansiedad y depresión, así como también un cuadro específico llamado Estrés Post Traumático, donde la persona se encuentra hipervigilante, irritable, con respuestas de sorpresa exageradas, con problemas para concentrarse y para dormir que no estaba presente antes del evento. Además, tiende a recordar y a revivir el hecho constantemente, en especial cuando algo externo lo recuerda, y por lo mismo, evita pensar o sentir cualquier cosa que se relacione con dicha experiencia, apareciendo una especie de anestesia que impide reconocer y expresar emociones más profundas.

Sin embargo, muchas de las reacciones que muestran las personas afectadas no constituyen necesariamente, problemas psicológicos, sino que se trata más bien de respuestas normales frente a situaciones anormales.

En este sentido, es recomendable que ante circunstancias donde la persona comience a sentir angustia, agobio o estrés realice algunas de estas indicaciones que pueden aliviar algunos síntomas:

Detener el quehacer o actividad, tratando de poner atención en la respiración, que sea calma y profunda.

Pensar y a planificar qué pasos seguirá, planteándose metas pequeñas y realistas para que se den a corto plazo. Las metas irreales o excesivas aumentan la frustración y la sensación fracaso. Una meta diaria da mayor seguridad al realizar poco a poco lo proyectado.

Consumir frutas y verduras. Las vitaminas presentes en estos alimentos favorecen la recuperación del estado de ánimo. Además, es fundamental mantener las horas de descanso, por lo que recuperar horas de sueño favorece en una mayor claridad para pensar y tomar decisiones. Un cuerpo cansado y una mente estresada aumentan la confusión y disminuye la capacidad para resolver y ejecutar.

Realizar actividades que le ayuden a descentrarse del problema como leer, tejer, hacer ejercicio, escuchar música, juegos de mesa, etc.

Buscar apoyo en la familia, en los grupos de ayuda local o en los especialistas en salud mental si es necesario. Por lo general, las personas no expresan sus experiencias dolorosas para proteger al otro, o porque creen que nos los comprenderán o porque les trae demasiado sufrimiento recordar y prefieren olvidar. No obstante, se ha comprobado que reprimir los sentimientos no ayuda a asimilar el dolor; por el contrario, aumentan los síntomas psicológicos y físicos.

Se trata de medidas muy simples, pero que si se incorporan en lo cotidiano pueden ayudar a prevenir el desarrollo de problemas en salud mental y en el desencadenamiento de enfermedades físicas graves en el largo plazo.

Paula Cornejo
Escuela de Psicología
Publicado el Martes, 10 Enero 2017 en El Mercurio de Valparaíso