Colusión, indignación y desconfianza: claves para leer los eventos recientes

Alejandra Marinovic

Escuela de Negocios

La Tercera

Son elocuentes los comentarios del público al reciente requerimiento de la Fiscalía Nacional Económica en contra de supermercados por acordar precios del pollo fresco: nos rodea un clima de indignación y desconfianza. Para salir de esta situación, hay tres elementos claves que considerar.

Primero, nuestro modelo económico en que la competencia de mercado es fundamental, requiere una gestión activa para promoverla y defenderla. Ella requiere acciones continuas de las propias empresas, el Estado y los consumidores. Debido a que la detección de la colusión es mundialmente difícil, las acciones preventivas son esenciales. Las empresas deben tener protocolos y mecanismos internos de control; el Estado debe contar con regulaciones claras y eficaces; los consumidores deben informarse y ejercer sus derechos. Todos tenemos un rol que jugar antes, durante y después de analizar un caso de este tipo.

Hay sectores en los cuales la colusión es más frecuente, según lo indican las estadísticas de las autoridades de defensa de la competencia a nivel internacional. Si bien no es necesariamente indicador de falta de competencia, la existencia de pocos oferentes presenta un riesgo. Usualmente el bajo número de oferentes responde a condiciones intrínsecas de dichos mercados, tales como fuertes costos de entrada y la necesidad de grandes tamaños para poder lograr rentabilidad (como en el caso de los supermercados). Asimismo, cuando los bienes o servicios tienen pocos sustitutos, es más fácil lograr que los consumidores paguen más por largo tiempo y sea más difícil detectar tal conducta de precios. En el caso de los pollos (o los remedios), estamos hablando de bienes básicos muy difíciles de sustituir en la canasta de consumo y que constituyen una proporción importante del gasto familiar. Estos elementos son indicadores esenciales de dónde hay mayor probabilidad de observar conductas colusivas, y pueden ayudar a dirigir la atención de fiscalizadores y organizaciones de consumidores.

Tercero, existen mercados en los cuales el impacto social de estas conductas es mayor. Lamentablemente, muchas veces coinciden con los ya mencionados. En el caso de los pollos estamos hablando de la principal carne de consumo de los hogares, sobre todo de los más vulnerables, en cuya canasta ocupa un lugar aún mayor de gasto. Es decir, los casos como éste golpean más fuertemente a los más pobres cuando ocurre en los bienes de consumo básico masivo. Dicho efecto regresivo de la colusión pone una alerta adicional a ser considerada.

Es muy difícil detectar estas infracciones. En el caso de supermercados respecto del precio de la carne de pollo fresco puede ser especialmente complejo: a diferencia de un acuerdo explícito, como fue respecto del papel tissue, el requerimiento de la Fiscalía sugiere más bien un arreglo tácito de no competir. Estaremos atentos a los desarrollos del requerimiento, en especial por las implicancias que puede tener para otras investigaciones y la discusión parlamentaria de la nueva ley pro competencia. En cualquier caso, para evitar la colusión y salir de la indignación y la desconfianza se requieren acciones de todos los actores sociales.

Alejandra Marinovic
Escuela de Negocios
Publicado el Lunes, 11 Enero 2016