Clasificación de riesgo y regla fiscal

Ignacio Briones

Decano Escuela de Gobierno

La Tercera

Mucho se ha discutido sobre la posibilidad de que Chile sufra una baja en su clasificación de riesgo, una de las mejores del mundo emergente. ¿Qué hay de cierto en esta preocupación?

Partamos por lo básico. ¿Qué mide la clasificación de riesgo soberano? Es un indicador de la capacidad de un Estado de pagar sus obligaciones (deudas) externas. Algo así como una probabilidad de no pago. Mientras menor sea esa probabilidad, mejor será la clasificación de riesgo.

¿Por qué importa? Porque mientras mejor sea la clasificación de riesgo, menor será el costo de endeudamiento. No sólo el Estado. También de las empresas.

¿De qué depende? Al igual que para cualquier persona, depende de la capacidad del país de generar ingresos (crecimiento del PIB), de su endeudamiento, pero también de los activos que tenga. Esto último determina el nivel de endeudamiento neto que es, en definitiva, lo que importa: mientras menor sea éste en relación a los ingresos, mejor clasificación de riesgo. Un país de alto ingreso pero con alto endeudamiento neto puede ser un deudor más riesgo que un país más pobre, pero con bajo endeudamiento neto. Es el caso de Chile y lo que explica que su clasificación sea mejor que la de Japón.

Varios analistas han alertado sobre una posible baja en la clasificación de riesgo chilena apelando al alza de la deuda pública que hoy representa 17,1% del PIB. Cierto pero insuficiente. Se debe mirar la deuda neta. Si bien ésta se ha deteriorado en el equivalente al 1% del PIB en los últimos dos años, Chile sigue siendo uno de los excepcionales países del mundo cuyo Fisco tiene más activos financieros que deuda (4,8% del PIB).

La razón de esta excepcionalidad radica en nuestra regla fiscal. Ella manda a que el gasto corriente se ancle a ingresos estructurales (que dependen del precio de largo plazo del cobre y del PIB tendencial) y no a los ingresos corrientes. De esta forma, el país ahorra en períodos de boom y desahorra (disminuye activos o se endeuda) en período de vacas flacas. Así, a condición de cumplir la regla, el ahorro tiende a compensarse con el desahorro. Además, a diferencia de otros países, Chile no puede recurrir al endeudamiento (no es ingreso estructural) para financiar gasto más allá de los ingresos estructurales. Resultado: si se respeta la regla, el endeudamiento neto será siempre bajo.

Mantener la regla fiscal es la clave para una buena clasificación de riesgo. Romperla, lo contrario. Y aquí pueden estar los riesgos. Luego de la crisis de 2009 y del terremoto de 2010, el ex ministro Larraín lideró un importante esfuerzo de consolidación fiscal, bajando el déficit estructural desde 3,1% del PIB a uno de 0,6%. La administración de Bachelet se comprometió a continuar la senda y volver al equilibrio al finalizar su mandato. Pero ese objetivo se esfumó durante la gestión del ex ministro Arenas, quien pavimentó la ruta para un déficit estructural de 1,6% del PIB en 2015. La razón es simple: se comprometieron gastos mucho mayores que los ingresos estructurales, con el agravante (políticas mediante) de un deterioro del crecimiento de tendencia mayor al anticipado.

El ministro Valdés ha sido valiente en plantear un ajuste fiscal. El entiende perfectamente lo que está en juego y merece un gran espaldarazo. Al final del día, el realismo es siempre con renuncia.

Ignacio Briones
Escuela de Gobierno
Publicado el Viernes, 04 Marzo 2016