Chile, el insoportable del vecindario

Cristóbal Bellolio
Escuela de Gobierno
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Corría la final de la Copa América y los argentinos frente al televisor no podían creerlo. “Es que no nos pueden ganar los chilenos”, decían algunos. Cuando Alexis hizo el penal definitorio, empezaron las teorías conspirativas. Había que buscar una forma de resolver la disonancia cognitiva de un pueblo que se piensa superior a su vecino. Cuando Chile perdió –parcialmente- frente a Perú en La Haya, fuimos nosotros los que nos pusimos en el lugar de Argentina: les echamos la culpa a los jueces, dijimos que sus fallos eran políticos. No éramos capaces de aceptar que sus argumentos habían sido mejores que los nuestros.

Algo parecido ocurrió esta semana cuando la misma Corte Internacional rechazó la excepción de competencia interpuesta por el estado chileno y dio curso a la demanda presentada por Bolivia. Nuestra manera de resolver la disonancia cognitiva fue más cruel. Estamos acostumbrados a reírnos de la mediterraneidad boliviana. Qué mejor que circular memes que los hicieran ver ridículos. Uno de ellos, ávidamente viralizado, mostraba un grupo de curvilíneas modelos en la playa de Reñaca. Abajo, en contraste, un grupo de mujeres bolivianas con trajes típicos chapoteaban en el mar. Racismo puro, disfrazado de humor. ¿Realmente creemos que las mujeres de nuestra patria son todas unas valkirias nórdicas como para adoptar ese aire de superioridad?

Nos hemos transformado en el nuevo rico del barrio. Nuestros vecinos tienen razón: somos prepotentes y agrandados. El día que tengamos las victorias deportivas de los argentinos, no nos va a aguantar ni la cordillera. Recuerdo cuando Chile perdía 2×0 en el Monumental de Buenos Aires en el debut eliminatorio de Bielsa. Cuando ya no había esperanza futbolística, la barra chilena comenzó a blandir sus billeteras hacia el público local, como diciendo “ahora somos nosotros los que tenemos plata, papá”. Para llorar.

Todos los sábados juego a la pelota con un grupo de hermanos latinoamericanos: peruanos, bolivianos, colombianos, ecuatorianos. Al terminar nos vamos al bar todos juntos. El humor es el mismo, la alegría es la misma, los códigos son los mismos. Somos mucho más parecidos de lo que algunos quisieran creer. Chile es un país mestizo donde la gran mayoría porta sangre indígena e inmigrante. Y vivimos en una patria enorme que va desde el Río Grande a Tierra del Fuego. Ojalá algún día nuestros nietos puedan recorrerla bajo el auspicio de acuerdos políticos, económicos y culturales que den cuenta de nuestra inteligencia y no de nuestra discriminación.
Cristóbal Bellolio
Escuela de Gobierno
Publicado el Domingo, 27 Septiembre 2015