Cabildo

Juan Luis Ossa

Nos reunimos con un grupo de colegas en un "Encuentro Local Autoconvocado" (o cabildo), una reunión que en términos generales me pareció interesante. Éramos once y estuvimos más de tres horas conversando sobre los temas propuestos por las guías provenientes de internet. Fue una buena ocasión para discutir algunos conceptos que están dando vueltas, aunque también para identificar —al menos en mi caso— algunos ripios del proceso constituyente.

Lo primero que rescato de los cabildos es su condición no vinculante. En efecto, creo que estas reuniones son espacios de conversación y reflexión más que una ocasión concreta de "soñar" nuestra futura Constitución. Y ello me parece bien, ya que, de otra forma, los cabildos serían petitorios interminables que poco o nada tienen que ver con una Constitución. Si estos encuentros fueran vinculantes, lo más probable es que terminaríamos con un documento repleto de artículos, tal como ocurre con otras constituciones latinoamericanas.

Los denominados "derechos sociales" ayudan a ilustrar el punto. Nadie medianamente serio podría pensar que derechos como la salud y la calidad de la educación no son dignos de ser considerados en un cuerpo legal. Sin embargo, de ahí a constitucionalizarlos hay un mundo de distancia. ¿Qué ocurriría, por ejemplo, si la Constitución estableciera que nuestros niños tienen el derecho constitucional de recibir una educación de calidad, pero el erario no lograra satisfacer dicha demanda? Una posibilidad es que el Estado fuera acusado de inconstitucionalidad y que, en consecuencia, la autoridad tuviera que defenderse constantemente en los tribunales de justicia. Felicito, pues, que los cabildos incentiven el debate sobre los derechos sociales pero sin entrar en promesas vinculantes.

Ahora bien, otros aspectos de los cabildos me parecen menos positivos. Uno dice relación con la complejidad de las reglas a ellos asociados. En algunos casos hay que ser verdaderos magos politológicos para comprender qué es lo que se está requiriendo de los participantes. La palabra "república", por ejemplo, se pone como un "valor", cuando es más bien la "virtud republicana" lo que podría considerarse como tal. El concepto de "igualdad", por otro lado, se establece como un valor en sí mismo, siendo que hay muchas formas de concebirla (ante la ley, de género, etc.).

Pero lo más complicado llega al final: en la sección "deberes y responsabilidades" se mezclan cosas tan disímiles como el régimen político, el rol de las FF.AA. y la división territorial. No se sabe si lo que se pregunta son cuestiones institucionales o gustos políticos. Un problema no menor si consideramos que el proceso está pensado para ser claro, directo y participativo. Ahora que se ha extendido el plazo para la organización de los cabildos, quizás no sea tarde para enmendar dicho problema.

Juan Luis Ossa
Escuela de Gobierno
Publicado el Miércoles, 22 Junio 2016 en La Segunda