Bruselas

Cristóbal Bellolio

Escuela de Gobierno

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ISIS – o Daesh, o Estado Islámico, como quiera usted llamarlo- lo hizo de nuevo: había prometido sembrar el terror en otras capitales europeas y el gobierno belga sabía que Bruselas estaba en la lista. Aun así, no hay cómo prevenir estos ataques. Cuando una persona toma la decisión de morir por una causa – noble o perversa- es poco lo que se puede hacer. Es la observación que en “El Padrino II” hace Michael Corleone cuando visita Cuba a fines de los 50: ¿Qué detiene a un fanático político o religioso que aspira al martirio?

Esa es la sensación que parece recorrer al viejo continente: hagan lo que hagan el horror encontrará la manera de colarse. Estamos ante un horror cobarde que golpea por la espalda. Aumentar los controles y las medidas de seguridad, a la larga, solo implica restricciones a la libertad de la ciudadanía inocente. Es un pensamiento amargo; sugiere que hay que reasignarse a vivir con miedo. Pocas veces las alarmas habían estado tan prendidas (hace pocos días fue capturado en suelo belga uno de los responsables de la masacre de París; se temía una reacción) pero nada de eso fue suficiente. Decenas perdieron la vida, decenas cuyos familiares y amigos seguramente no pueden entender qué irracionalidad maléfica se regocija así del dolor ajeno.

La secuencia de París se repite: los nacionalistas apuntan con el dedo a los inmigrantes y los secularistas a los religiosos. A estas alturas discutir la influencia del Islam en la violencia yihadista es bizantino. ¿Tiene que ver? Por supuesto. ¿Tiene todo que ver? Por supuesto que no. El hashtag #StopIslam es injusto. El mundo musulmán es demasiado grande y tan complejo como el cristiano. Pero hasta cierto punto la asociación es inevitable. No son los pacíficos quákeros ni los científicos ateos los que cruzan medio planeta para volarse en pedazos en nombre de una doctrina comprehensiva. Decir que los terroristas no son auténticos musulmanes es insuficiente. Ellos po0drían decir que son los moderados los que han extraviado su interpretación koránica. Es casi imposible discutir de este tema sin caer en algún tipo de reduccionismo o falacia que confirme nuestra idea previa. Todos los hacemos.

Por mientras, la inmensa mayoría de musulmanes decentes que habitan en Europa se disponen a sufrir un poco más de intolerancia y xenofobia. Un caso de estudio de una población que es indirectamente perjudicada por aquellos que dicen luchar por el mismo dios. Los partidos de extrema derecha – y aquellos que abogan por la retirada británica de la Unión Europea- disponen de renovado arsenal retórico para insistir en la división entre ellos y nosotros. Si el ataque al corazón de Francia fue considerado una afrenta a nuestro modo de vida occidental, el ataque a Bruselas será presentado como prueba de la vulnerabilidad de las instituciones europeas.  

Cristóbal Bellolio
Escuela de Gobierno
Publicado el Miércoles, 23 Marzo 2016