Aylwin, Camiroaga y los estudiantes

Cristóbal Bellolio

 

“Tal vez a los jóvenes les falta entender los ritos republicanos”, sugirió Mariana Aylwin. Al mundo político en general no le pareció bien que la Confech no suspendiera la marcha que tenía programada para el día jueves. Demuestra poca sensibilidad cívica, dijeron, poblar las calles con un petitorio al viento cuando el país está despidiendo a un ex presidente. Habría sido un gesto decoroso esperar la culminación del duelo oficial. A fin de cuentas, no existía una situación de urgencia objetiva. Algunos recordaron que hace unos años suspendieron una manifestación por la muerte de Felipe Camiroaga. Los estudiantes escucharon los argumentos pero no accedieron. ¿Debieron hacer otra cosa?

Hay dos maneras de responder la pregunta. Desde el punto de vista moral, no hay ninguna transgresión. Los códigos de un duelo son flexibles. La muerte de una persona que desempeñó con dignidad el cargo presidencial es sin duda un momento especial de reflexión para la comunidad política, pero no paraliza todas las formas alternativas de participar en ella. Con cierta razón, algunos recordaron que el propio Aylwin batalló en vida por recuperar algunas de esas libertades democráticas. La comparación con Camiroaga no es enteramente procedente. Lo del Halcón de Chicureo –y la veintena de personas que se estrellaron junto a él en las costas de Robinson Crusoe-  fue una tragedia nacional. El apacible fallecimiento de un caballero de noventa y siete años no lo es. La gente lo despidió con cariño, no con sufrimiento. Y fue precisamente el respeto al sufrimiento lo que motivó la suspensión de aquella marcha en tiempos de Camila Vallejo.

Ronda, sin embargo, la noción de que los jóvenes debieron interpretar mejor el ánimo colectivo. Aunque la Confech no haya violado la santidad de ningún rito republicano propiamente tal, su actuación permite una crítica estratégica. Los movimientos sociales exitosos son aquellos que cautivan a las mayorías. El éxito de los pingüinos del 2006 y los universitarios del 2011 radicó en parte en su capacidad de conectar con amplios sectores de la población. Dicho de otra manera, les conviene sintonizar. Justamente sabiendo que los dirigentes tienen una opinión adversa del legado de Patricio Aylwin, habría sido doblemente meritorio que accedieran. Habrían sido parte de la comunidad que se conduele. Pero ellos lo interpretaron exactamente al revés: la marcha siguió adelante como una manera de afirmar la independencia simbólica del movimiento respecto de la clase política tradicional. Quizás no vieron que se trataba de excluirse de algo más que eso

Escuela de Gobierno

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Publicado el Domingo, 24 Abril 2016