Agenda de Energía: un golpe de timón que el sector necesitaba

Carlos Silva

Facultad de Ingeniería y Ciencias
Pulso
 

A un año de la publicación de la Agenda de Energía, la percepción de los desafíos del sector ha cambiado significativamente. Pero en concreto, ¿cómo la Agenda ha logrado gestar este cambio? En su primer eje, de un nuevo rol del Estado, ha tenido una buena recepción en el sector, donde el mayor dinamismo estatal en el diseño regulatorio ha sido bienvenido. Quizá la única preocupación sea que el Estado exagere este rol, entrando en actividades como la generación eléctrica, donde habría fondos privados e interés de parte de firmas extranjeras, que indicarían que la participación estatal no es necesaria.
 
El segundo eje, reducción de precios de la energía, es considerado como el gran éxito del Ministerio de Energía. En la licitación de suministro para distribuidoras de 2014 se rompió la tendencia negativa, que mostraba cada vez menos oferta y mayores precios. La licitación de 2014 disminuyó los precios a través de un aumento de oferta por parte de tecnologías convencionales e integrando a las ERNC.

 
El tercer eje, desarrollo de recursos energéticos propios, ha mostrado grandes progresos en ERNC, con 1.000 MW de nueva capacidad el 2014 y 2015. Sin embargo, el desarrollo de centrales hidro sobre 20 MW se ha mostrado débil, quizá a la espera de avances en temas como las leyes de asociatividad y de reforma de la transmisión.
 
Para el cuarto eje, conectividad del desarrollo energético, se muestran avances importantes en el diseño de cambios regulatorios en la definición, planificación y tarificación de la transmisión troncal. Por otro lado, se muestran avances tímidos en los temas de interconexión con países vecinos.
 
En el quinto eje, un sector energético eficiente y que gestiona el consumo, aún queda mucho por avanzar.  El tema clave de la eficiencia energética está al debe en términos de posicionamiento, en particular si se compara con finales del primer Gobierno de la Presidenta Bachelet. Sin embargo, las expectativas están altas, en particular con la ley de eficiencia energética y cómo esta podría cambiar la forma en que las grandes empresas usan la energía y como las distribuidoras pasan a ser las grandes promotoras de la eficiencia energética en los sectores residencial y comercial.
 
El sexto eje, de impulso a la inversión en infraestructura energética, busca concretar la inversión, a través de la construcción de las plantas incluidas en el plan de obras de la CNE, y con la entrada de nuevos proyectos de generación, que permitan aumentar las holguras en sector. El éxito de este eje es mixto; la cantidad de proyectos en construcción se ha incrementado, pero muy sesgada hacia tecnologías ERNC, con pocos proyectos de tecnologías convencionales. Al parecer, el sector estaría esperando señales de mayor certidumbre en términos de leyes, como la de asociatividad, para empujar proyectos de tecnologías convencionales, que según la misma Agenda deberían corresponder aproximadamente al 55% de la nueva capacidad.
 
El séptimo y último eje, participación ciudadana y asociatividad, plantea la tarea fundamental de determinación de las actividades que se podrían realizar en el territorio y su relación con las comunidades. En este sentido, todavía no existe claridad de los detalles de lo que se planteará, lo que da espacio para incertidumbre al respecto.
 
En resumen, la primera lección que nos deja este año de la Agenda de Energía es que el sector no puede rediseñarse en 12 meses. Sin embargo, al reconocer los avances en términos de mayor certidumbre, mayor inversión y baja de precios, podemos extraer una segunda lección: que no es necesario llegar al objetivo final para percibir los beneficios de un Ministerio de Energía proactivo en los temas sectoriales. A veces solo el cambio de rumbo es suficiente para obtener mejoras concretas en las perspectivas del sector.

Carlos Silva
Facultad de Ingeniería y Ciencias
Publicado el Miércoles, 06 Mayo 2015